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martes, 30 de agosto de 2011

La casa, espacio interior para la familiaPosteado por Ángel Garachana Agosto 29, 2011 a las 5:39pm

El espacio interior que forman las paredes, el techo y el suelo de la casa es para la familia, para que ésta se sienta y pueda vivir como tal. La casa es para la familia, no la familia para la casa.

Lo verdaderamente valioso en el interior de la casa son las personas. Ellas son “el tesoro” de la casa. Lo más importante no son los muebles, aunque haya que cuidarlos. “Niño no juegues ahí que rayas el armario”. “Niño sal de ahí que vas a manchar el sofá”.

La casa no es un “salón de exposición”. Mesas, camas, sillas, refri, cucharas, cazuelas, cuadros… son para las personas, en razón de las personas. Incluso las cosas más sencillas de casa terminan adquiriendo como un valor añadido por el significado personal que les damos, la emoción que despiertan, los recuerdos que evocan.

La familia es relación interpersonal, comunión del amor, vidas compartidas. El espacio interior de la casa es espacio concentrado e intenso para el amor, la comunión y comunicación. En este espacio privilegiado se han de vivir las leyes de la relación personal, se ha de tejer la red invisible de las relaciones que anudan las vidas. He aquí algunas de estas leyes.

El espacio interior de la casa no es solo para que las personas “vivan juntas” sino para que cada una esté vuelta hacia las otras, atienda a las otras. Se puede “estar juntos” físicamente, como dos piedras que se tocan, pero espiritualmente separados. Por eso, afirmo que el espacio interior ha de ser un espacio de atención personal.

Atender significa salir de si mismo, del propio mundo y tender hacia los otros, volverse hacia los otros espiritualmente, incluso, muchas veces, hasta físicamente. Vuelto hacia los otros, de corazón, doy y recibo el don de la palabra y de la escucha, el don de la comunicación.

La casa es el espacio de la comunicación. ¡Qué tenso se hace ese espacio cuando hay silencios de desprecio o desinterés! ¡Qué lleno de alegría y paz cuando fluyen la palabra y los sentimientos con libertad y comprensión!

Unas veces el espacio interior de la casa puede estar silencioso pero con la calma que precede o sigue a la tormenta. Otras veces reina el silencio sereno y pacífico de la acogida y del amor que no necesita muchas explicaciones. Unas veces puede vibrar de gritos ofensivos y otras aquietarse con palabras tiernamente dichas y atentamente escuchadas.

+ Ángel Garachana Pérez, CMF
Obispo de San Pedro Sula



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