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sábado, 31 de diciembre de 2011
viernes, 30 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
anglicanos pasan a vivir su fe desde la Iglesia Catolica
miércoles, 21 de diciembre de 2011
LAS FATIGAS NO BLOQUEAN LA ORACIÓN DE JESÚS

AUDIENCIA DEL MIÉRCOLES 30 DE NOVIEMBRE: LAS FATIGAS NO BLOQUEAN LA ORACIÓN DE JESÚS
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Santo Padre Benedicto XVI ha realizado al dirigirse a los fieles congregados para la audiencia del miércoles 30 de Noviemb re de 2011, provenientes de Italia y de todas las partes del mundo. La catequesis continúa el ciclo de la oración.
Queridos hermanos y hermanas, en las últimas catequesis hemos reflexionado sobre algunos ejemplos de oración en el Antiguo Testamento, hoy comenzamos a mirar a Jesús, a su oración, que atraviesa toda su vida, como un canal secreto que irriga la existencia, las relaciones, los gestos y que lo guía, con progresiva firmeza, al don total de sí mismo, según el proyecto de amor de Dios Padre. Él es el maestro también de nuestra oración, incluso Él es el apoyo activo y fraternal de nuestro dirigirnos al Padre. Verdaderamente, como resume un título del Compendio del Catecismo dela Iglesia: “la oración se revela y actúa plenamente en Jesús” (541-547). A Él nos vamos a referir en las próximas catequesis. Un momento particularmente significativo de su camino es la oración que sigue al Bautismo al que se somete en el río Jordán. El evangelista Lucas dice que Jesús, después de haber recibido, junto a todo el pueblo, el bautismo por mano de Juan el Bautista, entra en una oración muy personal y prolongada.
Escribe: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma” (Lc 3, 21-22). Es este “mientras estaba orando”, en diálogo con el Padre, lo que ilumina la acción que ha realizado junto a tantos otros de su pueblo que habían llegado a la orilla del Jordán. Rezar le da a su gesto, el Bautismo, un trato exclusivo y personal. El Bautista había hecho un fuerte llamamiento a vivir plenamente como “hijos de Abraham”, convirtiéndose al bien y dando frutos dignos de este cambio (cfr Lc 3,7-9). Y un gran número de israelitas se movió, como recuerda el evangelista Marcos, que escribe: “Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados” (Mc 1,5). El Bautista aportaba algo realmente nuevo: someterse al Bautismo debía marcar un cambio determinante, dejar una conducta ligada al pecado e iniciar una vida nueva. También Jesús acepta esta invitación, entre en la gris multitud de los pecadores que esperan en la orilla del Jordán. También a nosotros, como a los primeros cristianos, nos surge esta pregunta: ¿por qué Jesús se somete voluntariamente a este bautismo de penitencia y de conversión? Él no había pecado, no tenía necesidad de convertirse. Entonces ¿por qué realizar este gesto? El Evangelista Mateo describe el estupor del Bautista que afirma: “Juan se resistía, diciéndole: 'Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!'” (Mt 3,14) y la respuesta de Jesús: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo” (v.15). El sentido de la palabra “justicia” en el mundo bíblico es aceptar plenamente la voluntad de Dios. Jesús muestra su cercanía a la parte de su pueblo que, siguiendo al Bautista, reconoce como insuficiente el considerarse sencillamente hijos de Abraham, sino que quiere cumplir la voluntad de Dios, quiere comprometerse para que su propio comportamiento sea una respuesta fiel a la alianza ofrecida por Dios en Abraham.
Entrando entonces en el río Jordán, Jesús, sin pecado, hace visible su solidaridad con los que reconocen sus propios pecados, eligen arrepentirse y cambian de vida; hace comprensible que formar parte del pueblo de Dios quiere decir entrar en una óptica de novedad de vida, de vida según Dios. En este gesto, Jesús anticipa la cruz, da comienzo a su actividad tomando el lugar de los pecadores, asumiendo sobre sus hombros el peso de la culpa de la humanidad entera, cumpliendo la voluntad del Padre.
Recogiéndose en oración, Jesús muestra el íntimo vínculo con el Padre que está en los Cielos, experimenta su paternidad, asume la belleza exigente de su amor, y en el coloquio con el Padre recibe la confirmación de su misión. En las palabras que resuenan en el Cielo (cfr Lc 3,22), hay un anticipo del misterio pascual, de la cruz y de la resurrección. La voz divina le define como: “Mi Hijo, el amado”, recordando a Isaac, el amadísimo hijo que el padre Abraham estaba dispuesto a sacrificar, según la orden de Dios (cfr Gen 22,1-14). Jesús no es solo el Hijo de David, descendiente mesiánico real, o el Siervo en el que Dios se complace, sino que es el Hijo unigénito, el amado, igual que Isaac, que Dios Padre entrega para la salvación del mundo. En el momento en que, a través de la oración, Jesús vive en profundidad su filiación y la experiencia dela Paternidadde Dios (cfr Lc 3,22b), desciende el Espíritu Santo (cfr Lc 3,22a), que lo guía en su misión y que Él difundirá después de haber sido levantado en la cruz (cfr Jn 1,32-34; 7,37-39), para que ilumine la obra dela Iglesia. Enla oración, Jesús vive un ininterrumpido contacto con el Padre para realizar hasta el final el proyecto de amor para los hombres. Sobre el trasfondo de esta extraordinaria oración, está la entera existencia de Jesús vivida en una familia profundamente ligada con la tradición religiosa del pueblo de Israel. Lo demuestran las referencias que encontramos en los Evangelios: su circuncisión (cfr Lc 2,21) y la presentación en el templo (cfr Lc 2,22-24), así como la educación y la formación en Nazareth, enla Santa Casa(cfr Lc 2,39-40 y 2,51-52). Se trata de “casi treinta años” (Lc 3, 23), un largo tiempo de vida escondida, aunque con experiencias de participación en momentos de expresión religiosa comunitaria, como las peregrinaciones a Jerusalén (cfr Lc 2,41). Narrándonos el episodio de Jesús que, a los doce años de edad, va al templo y se sienta a enseñar a los maestros (cfr Lc 2,42-52), el evangelista Lucas deja entrever que Jesús, quien reza después del bautismo del Jordán, tiene una larga costumbre de oración íntima con Dios Padre, radicada en las tradiciones, en el estilo de vida de su familia, en las experiencias decisivas vividas en ella. La repuesta del niño de doce años a José y a María indica ya esta filiación divina, que la voz celestial manifiesta después del bautismo: “¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc 2,49).
Al salir de las aguas del Jordán, Jesús no inaugura su oración, sino que continúa su relación contante, habitual con el Padre; y, en esta unión íntima con Él, da el paso de su vida escondida de Nazaret a su ministerio público. La enseñanza de Jesús sobre la oración viene, seguramente, de su forma de rezar adquirida en familia, pero que tiene su origen profundo y esencial en el hecho de ser el Hijo de Dios, en su relación única con Dios Padre.
El Compendio del Catecismo dela Iglesia Católica--respondiendo a la pregunta: ¿de quién aprendió Jesús a rezar?, dice- “Jesús, según su corazón de hombre, aprendió a rezar de su Madre y de la tradición hebrea. Pero su oración surge de una fuente más secreta, ya que es el Hijo eterno de Dios que, en su santa humanidad, dirige a su Padre la oración filial perfecta” (541). En la narración evangélica, las ambientaciones de la oración de Jesús se colocan siempre en la encrucijada entre la inserción en la tradición de su pueblo, y la novedad de una relación personal y única con Dios. “El lugar desierto” (cfr Mc 1,35; Lc 5,16) al que a menudo se retira, “el monte” donde sube a rezar (cfr Lc 6,12; 9,28), “la noche” que le permite la soledad (cfr Mc 1,35; 6,46-47; Lc 6,12), recuerdan momentos del camino de la revelación de Dios en el Antiguo Testamento, indicando así la continuidad de su proyecto salvífico. Al mismo tiempo, marcan momentos de particular importancia para Jesús, que conscientemente acepta este plan, plenamente fiel a la voluntad del Padre. También en nuestra oración debemos aprender, cada vez más, a entrar en la historia de salvación donde Jesús es el culmen, renovar ante Dios nuestra decisión personal de abrirnos a su voluntad, pedirle a Él la fuerza de conformar nuestra voluntad a la suya, en toda nuestra vida, en obediencia a su proyecto de amor para nosotros. La oración de Jesús toca todas las fases de su ministerio y todas sus jornadas. Las fatigas no la bloquean.
Los Evangelios, incluso, dejan traslucir, una costumbre de Jesús de pasar en oración parte de la noche. El evangelista Marcos relata una de estas noches, después de la pesada jornada de la multiplicación de los panes, y escribe: “En seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran a la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra” (Mc 6,45-47). Cuando las decisiones se convierten en algo urgente y complejo, su oración se hace cada vez más larga e intensa. En la inminente elección de los Doce Apóstoles, por ejemplo, Lucas destaca la duración de la oración preparatoria de Jesús: “En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles” (Lc 6,12-13).
Observando la oración de Jesús, deben surgirnos diversas preguntas: ¿Cómo rezo yo?¿Cómo rezamos nosotros?¿Qué tiempo dedicamos a la relación con Dios? ¿Es suficiente la educación y formación a la oración actualmente? ¿Quién nos puede enseñar?
En la exhortación apostólica Verbum Domini, hablé de la importancia de la lectura orante de las Sagradas Escrituras. Recogiendo todos los aspectos que surgieron enla Asambleadel Sínodo de los Obispos, destaqué particularmente la forma específica de la lectio divina. Escuchar, meditar, callar ante el Señor que habla, es un arte que se aprende practicándolo con constancia. Ciertamente, la oración es un don que exige, sin embargo, el ser acogido; es una obra de Dios, pero que exige compromiso y continuidad por nuestra parte, sobre todo la continuidad y la constancia son importantes. Justo la experiencia ejemplar de Jesús muestra que su oración, animada por la paternidad de Dios y por la comunión del Espíritu, se profundiza en un prolongado y fiel servicio, hasta el Huerto de los Olivos yla Cruz.
Hoy los cristianos estamos llamados a ser testigos de la oración, porque nuestro mundo está a menudo cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva el encuentro con Dios. Que en la amistad profunda con Jesús y viviendo en Él y con Él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podamos abrir las ventanas hacia el Cielo de Dios. Incluso en el recorrido del camino de la oración, sin consideraciones humanas, que podamos ayudar a otros a recorrerlo: también para la oración cristiana es verdad que, caminando, se abren caminos. Queridos hermanos y hermanas, eduquémonos en una relación intensa con Dios, en una oración que no sea intermitente, sino constante, llena de confianza, capaz de iluminar nuestra vida, como nos enseña Jesús. Y pidámosle que podamos comunicar a las personas que están cerca de nosotros, a los que nos encontramos por las calles, la alegría del encuentro con el Señor, luz de nuestra existencia. Gracias.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
viernes, 25 de noviembre de 2011

A nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, pueblo católico, hermanos en la fe cristiana, a todos los centroamericanos, hombres y mujeres de buena voluntad:
Introducción
1. «Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Fil 1,2). Los Obispos de Centro América nos hemos reunido para la Asamblea Ordinaria Anual del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC), del 21 al 25 de noviembre en Valle de Ángeles, Honduras. Como Pastores, «llamados a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia en la intimidad de la oración y en la donación de nosotros mismos a los hermanos y hermanas, a quienes presidimos en la caridad» (Aparecida, 186) en estos días «hemos dado gracias a Dios por todos ustedes, recordándolos sin cesar en nuestras oraciones» (1 Tes 1,2).
2. Hemos vivido en nuestra asamblea una rica experiencia de comunión y de fraternidad, que nos ha hecho gustar el ser Iglesia como «casa y escuela de comunión» (Aparecida, 187) y nos ha impulsado a renovar con alegría nuestro ministerio como «pastores y guías espirituales de las comunidades a nosotros encomendadas» (Aparecida, 188). Hemos orado y reflexionado juntos, hemos compartido el camino de la Iglesia en los diferentes países y hemos discernido la voluntad de Dios frente a los retos de la realidad. En este espíritu de oración y de comunión deseamos dirigirles, a la luz de tres parábolas del evangelio, un mensaje de fe y de esperanza que, aun en medio de las oscuridades e incertidumbres de la historia, contribuya a reconocer la presencia del Reino de Dios en nuestros pueblos.
«Dejen que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta la cosecha» (Mt 13,30)
3. Recordemos en primer lugar la parábola del trigo y la cizaña. En ella Jesús nos enseña que el Reino de Dios se abre paso en la historia en medio de la malicia y del pecado humano, creciendo como el trigo en medio de la maleza. De este modo Jesús nos ayuda a ver la realidad con objetividad y esperanza, reconociendo las luces y sombras de la historia pero confiando en la victoria final del proyecto de Dios (cf. Mt 13,24-30).
4. Reconocemos como trigo bueno, signo del Reino, el amor a la vida, arraigado en el corazón de nuestros pueblos y distintivo de nuestra cultura, vivido, sin embargo, en medio de la maleza de una alarmante violencia que reviste diversas formas y tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, violencia común y creciente violencia intrafamiliar. Junto a las soluciones sociales y económicas que los Estados y la sociedad deben implementar para frenar y erradicar el crecimiento de este flagelo, los cristianos debemos empeñarnos en el seguimiento de Cristo Redentor, a través de la oración por la paz y el compromiso por la vida y la justicia, sabiendo que «la radicalidad de la violencia sólo se resuelve con la radicalidad del amor redentor» (Aparecida, 543).
5. En medio de pueblos que aman la verdad y la honestidad y que han luchado siempre por la igualdad y la libertad, paradójicamente persisten todavía situaciones y estructuras adversas tales como la exclusión social de inmensas mayorías pobres, la corrupción en la sociedad y en el Estado, el irrespeto a las leyes y a las instituciones democráticas y la violación a los derechos humanos. Todo ello rompe la armonía social, contribuye al crecimiento de la pobreza de gran parte de nuestra población y provoca la dolorosa migración forzada de muchos centroamericanos. Vemos, finalmente, como trigo en medio de la maleza, el aprecio por el valor de la familia todavía existente en nuestra sociedad, a pesar de que hoy se ve amenazada por ideologías, leyes y situaciones de inseguridad económica que no la favorecen. Con la conciencia de que el trigo bueno del Reino de Dios sigue creciendo en medio de la maleza, no permitamos que se oscurezca o debilite nuestro compromiso cristiano por vivir y anunciar los valores del Evangelio.
«El Reino es como un grano de mostaza, la más pequeña de todas las semillas» (Mc 4,31)
6. En segundo lugar deseamos recordar la parábola del grano de mostaza, con la que Jesús nos enseña que el Reino de Dios no llega necesariamente a través de acciones o gestos grandiosos, sino discretamente por medio de realizaciones humanas, inicialmente sencillas o limitadas. Estas realidades aparentemente pequeñas son signos a través de las cuales el Señor llega a nuestra historia y nos las ofrece como oportunidades para comprometernos generosamente en la construcción de su reino, descubriendo el valor decisivo del momento presente por insignificante que parezca (cf. Mc 4,30-32).
7. Reconocemos con alegría algunos signos de vida eclesial, que como granitos de mostaza pueden parecer pequeños, pero ya están dando mucho fruto en nuestras comunidades. Entre ellos podemos señalar la profunda «espiritualidad» de nuestro pueblo centroamericano, con la que se aferra al amor de Dios y no pierde la esperanza aún viviendo situaciones dramáticas de dificultad y de dolor; la entrega generosa de tantos sacerdotes, religiosos (as) y laicos (as), que en el campo y la ciudad dan testimonio de Cristo y sirven a la Iglesia aun en medio de no pocas limitaciones y sacrificios; y, en tercer lugar, el camino de renovación de muchas de nuestras parroquias, que se está abriendo paso a pesar de ciertas resistencias personales y estructurales. Otro signo sumamente esperanzador es la fe entusiasta de muchos jóvenes, «amigos y discípulos de Cristo» (Aparecida, 443), quienes ciertamente son y seguirán siendo en el futuro fermento de renovación de nuestra sociedad a la luz el Evangelio. La Iglesia desea ser cercana a los jóvenes, animando sus más nobles ideales, acompañándoles en su vida espiritual y colaborando en la formación de su conciencia social y política a la luz de los valores del Reino de Dios.
«Una vez salió un sembrador a sembrar» (Mc 4,3)
8. Finalmente recordemos la parábola del sembrador, con la que Jesús se presenta a sí mismo anunciando con optimismo el Reino, con sus palabras y sus obras, sin excluir a nadie del proyecto de Dios. Con la parábola Jesús quiere también combatir la desesperanza de quienes no ven resultados inmediatos, exhortándonos a proclamar siempre la Palabra con confianza en su eficacia transformadora, sin desanimarnos por los aparentes fracasos y sin importar que haya corazones duros que no estén dispuestos a recibirla (cf. Mc 4,1-9).
9. Hoy Jesús continúa sembrando la semilla del Evangelio a través de la misión evangelizadora de la Iglesia, «que tiene como misión propia y específica, comunicar la vida de Jesucristo, a todas las personas, anunciando la palabra, celebrando los Sacramentos y predicando la caridad» (Aparecida, 386). Es nuestro mayor deseo como Obispos de Centro América que nuestra Iglesia no cese de sembrar con ardor misionero la semilla del Evangelio, convirtiéndose en un «poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo» (Aparecida, 362), comprometida por una vida mejor y más digna para todos, especialmente para los más pobres y marginados de la sociedad.
10. La parábola del sembrador exige la fe de quien lanza la semilla y la fe del terreno que la recibe (Cf. Mc 4,13-20). Por eso exhortamos a todo el pueblo de Dios a que acojamos con renovada gratitud del don de la fe, viviendo sus exigencias con coherencia y radicalidad. Dóciles a la acción de Dios, «quien, por su benevolencia, realiza en nosotros el querer y el obrar» (Fil 2,13), esforcémonos en vivir nuestra fe como camino de discipulado misionero, fruto de un encuentro profundo y continuamente renovado con Jesucristo, vivido en la comunión y participación activa en el seno de la comunidad eclesial y expresada proféticamente en el testimonio significativo y eficaz de los valores del Evangelio en medio de la sociedad.
11. Manifestamos nuestra profunda gratitud a Adveniat, organismo de la Conferencia Episcopal Alemana, que está cumpliendo en este año cincuenta años de existencia, y a todo el pueblo católico de Alemania. Creada por los obispos alemanes con el propósito de apoyar en modo solidario el camino evangelizador de la Iglesia de América Latina,Adveniat se ha manifestado siempre cercana y generosa a las necesidades de nuestras iglesias centroamericanas. ¡Gracias por su generosidad y solidaridad! ¡Gracias por apoyarnos en nuestro esfuerzo de sembrar la semilla liberadora del Evangelio en nuestros pueblos!
12. Que la Virgen María, «la discípula más perfecta del Señor», quien «con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo» (Aparecida, 266), ilumine con su amor maternal el camino de la Iglesia en Centro América, para que vivamos nuestra fe como ella, «tanto en la actitud de escucha orante como en la generosidad del compromiso en la misión y el anuncio» (Verbum Domini, 28).
Dado en Tegucigalpa, Honduras, el veintitrés de noviembre de dos mil once.
Mons. Leopoldo José Brenes Solórzano Mons. Jorge Solórzano Pérez
miércoles, 9 de noviembre de 2011
BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro Miércoles 9 de noviembre de 2011
Salmo 119 (118)
Queridos hermanos y hermanas
Hoy nos centramos en el Salmo 118, el más largo, construido de manera acróstica, comenzando cada estrofa con una de las veintidós letras del alfabeto hebreo. Está centrado en la Ley de Dios, la Torá, que es don de gracia, orientación de vida, enseñanza, de la cual el salmista da gracias a Dios y sobre la cual medita con gozo. Quien camina sobre sus preceptos es llamado «beato». Así es llamada la Virgen María en el Evangelio, por haber creído y seguido la voluntad de Señor (cf. Lc 1,45), y también todos los que observan la ley divina (Lc11,28). El Salmo despliega todo un vocabulario del bien que representa para el hombre la Ley de Dios, hasta el punto de declarar que ella es «la parte», la única heredad para el fiel, más que tierras u otras propiedades. Así se interpretó para la tribu del Levi, y así también en el nuevo Pueblo de Dios para quien se entrega incondicionalmente a Cristo y se abandona enteramente a Él. De este modo, el escuchar, meditar, acoger y cumplir la ley del Señor, es la seguridad y el gozo de vivir nuestra existencia terrena. Como dice el Salmo, de verdad «lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (v. 105).
* * *
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de peregrinos de Segovia, con su Obispo, Monseñor Ángel Rubio Castro, así como los demás grupos venidos de España, Argentina, México y otros países latinoamericanos. En Ecuador comienza hoy el Congreso Nacional de las Familias. Saludo desde aquí a los participantes y pido a todos una oración para que también las familias escuchen al Señor y cumplan su designio salvador. Muchas gracias.
miércoles, 26 de octubre de 2011
El sacerdote debe vivir con la mirada fija en Pedro
ROMA, martes 25 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- El pasado sábado 22 de octubre, el cardenal Mauro Piacenza inauguró con una solemne eucaristía el año académico en el Colegio Sacerdotal Tiberino de Roma, una residencia confiada a la prelatura del Opus Dei donde estudian sacerdotes de todo el mundo. El prefecto de la Congregación para el Clero animó a los residentes a “vivir con la mirada fija en Pedro”, en medio de un mundo donde los sacerdotes son “extranjeros”.
Partiendo de la primera lectura del domingo, el cardenal Piacenza afirmó en su homilía que no sólo los judíos fueron extranjeros durante un tiempo en Egipto, sino que hoy el sacerdote “es necesariamente extranjero en un mundo que no reconoce a Dios y que está inmerso en la cultura de la muerte y del placer, donde sólo hay lugar para el poder y el dinero”.
El sacerdote, sin embargo, no debe lamentarse porque esto constituye la esencia de su ministerio, la razón de ser sacerdote en el mundo, “el indicador de su fidelidad a Cristo y a la Iglesia”.
Para este objetivo son necesarios años de estudio en la Ciudad Eterna, para “ampliar la mirada sacerdotal hasta los confines del mundo, de manera que todos los hombres se puedan encontrar con Cristo”.
Un objetivo que el cardenal ha llevado siempre en el corazón y que siempre ha deseado para todos los sacerdotes desde los primeros años de su ministerio y ahora como Prefecto de la Congregación para el Clero ha afirmado: “Pedí a la Virgen de la Guardia, patrona de Génova cuando era joven, que me dejase hacer algo por los sacerdotes y he aquí que toda mi vida me he encargado de alguna manera de ellos. ¡La Virgen es muy lista!”.
Después de la eucaristía la jornada continuó con una cena y con una pequeña fiesta en la que no faltaron cantos y espectáculos teatrales interpretados por residentes del Colegio.
Actualmente en el Tiberino residen 37 sacerdotes de más de veinte naciones de los cinco continentes.
Todos ellos estudian en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, y han sido enviados por sus obispos para formarse en la Ciudad Eterna y así poder servir mejor en sus diócesis en el futuro.
viernes, 21 de octubre de 2011
El Papa anuncia un "Año de la Fe"
Hablando sobre su decisión de acogerse a esta "Año de la Fe", dijo el Papa Benedicto XVI fue "dar un nuevo impulso a la misión de toda la Iglesia para llevar a los hombres del desierto en el que se encuentran a menudo, al lugar de la vida, de la amistad con Cristo ".
El Papa explicó que el año sería "un momento de gracia y el compromiso a una conversión más completa a Dios, para fortalecer nuestra fe en Él y anunciarlo con alegría a la gente de nuestro tiempo."
Con el fin de ilustrar el significado de este "Año de la Fe", el Santo Padre dijo que prepararía una carta apostólica especial y que informó a la congregación presente que el año comenzaría "el 11 de octubre de 2012, el 50 º aniversario del Concilio Vaticano II , y terminaría el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Cristo Rey ",.
Durante el transcurso de la homilía, el Santo Padre se refirió a la reunión del Consejo Pontificio diciendo que estaba encantado de que esta conferencia tuvo lugar en el mes de octubre, un mes de oración y de sólo una semana antes del Domingo Mundial de la Misión.
El Papa subrayó que no había oposición entre la misión ad gentes y la nueva evangelización, aunque agregó que este último era muy urgente ", especialmente en los países de antigua tradición cristiana, que se han convertido cada vez más" indiferente "y" hostil "a la misión de la Iglesia . "
Sentimientos del Papa se hizo eco de las del Presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella en su discurso ante el Santo Padre al inicio de la celebración. Dijo, la misión de la iglesia ahora se necesita "una cara adicional, el de la nueva evangelización, sobre todo, como él decía, para los creyentes a redescubrir la fuerza para creer y la alegría de dar testimonio."
El Papa miró a la historia, y al Evangelio del domingo para reforzar la importancia de una nueva evangelización. Dijo que "la teología de la historia era una parte importante y esencial de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, después de la desastrosa era de los imperios totalitarios del siglo XX, la necesidad de encontrar una visión global del mundo y el tiempo, uno verdaderamente libre, la visión de paz ".
En cuanto a la primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses en busca de inspiración, explicó el Santo Padre, demuestra que para ser eficaz, la evangelización necesita el poder del espíritu.
Dibujo su homilía a su fin el Papa Benedicto XVI subrayó que "los nuevos evangelizadores están llamados a caminar en el camino que es Cristo, y dar a conocer a los demás la belleza del Evangelio que da vida antes de agradecer a los presentes por ser" protagonistas de la nueva evangelización ". Escuchar el informe Lydia O'Kane es ...
lunes, 10 de octubre de 2011
SILENCIO Y SOLEDAD MUESTRAN LA PRESENCIA DE DIOS
El Papa explicó que el progreso técnico ha hecho la vida del hombre más cómoda, pero también “más agitada, a veces convulsa”. El desarrollo de los medios de comunicación hace que hoy se corra el riesgo de que lo virtual domine sobre lo real: “Cada vez más, incluso sin darse cuenta, las personas están inmersas en una dimensión virtual, a causa de los mensajes audiovisuales que acompañan su vida desde la mañana hasta la noche. Los más jóvenes, que han nacido ya en esta condición, parecen querer llenar de música y de imágenes cada momento vacío, casi por miedo a sentir, precisamente, este vacío. (…) Algunas personas ya no son capaces de permanecer largo tiempo en silencio y soledad”.
Esta condición sociocultural “pone de relieve el carisma específico de la Cartuja como un don precioso para la Iglesia y para el mundo, un don que contiene un mensaje profundo para nuestra vida y para toda la humanidad. Lo resumiría así: retirándose en el silencio y la soledad, el hombre, por así decir, se ‘expone’ a ese aparente ‘vacío’ al que aludía antes, para experimentar en cambio la Plenitud, la presencia de Dios, de la Realidad más real que hay. (…) El monje, abandonando todo (…), se expone a la soledad y al silencio para no vivir de otra cosa que de lo esencial, y precisamente viviendo de lo esencial encuentra también una profunda comunión con los hermanos, con cada hombre”.
Esta vocación “halla respuesta en un camino, en la búsqueda de toda una vida. (…) Llegar a ser monje requiere tiempo, ejercicio, paciencia (…) Pero en esto consiste la belleza de toda vocación en la Iglesia: en dar tiempo a Dios para que actúe con su Espíritu, y a la propia humanidad para formarse, para crecer según la medida de la madurez de Cristo, en un particular estado de vida. En Cristo está el todo, la plenitud; nosotros tenemos necesidad de tiempo para hacer nuestra una de las dimensiones de su misterio. (…) A veces, a los ojos del mundo, parece imposible permanecer durante toda la vida en un monasterio, pero en realidad toda una vida es apenas suficiente para entrar en esta unión con Dios, en esa Realidad esencial y profunda que es Jesucristo”.
“La Iglesia tiene necesidad de vosotros, y vosotros necesitáis a la Iglesia –dijo el Pontífice para finalizar-. También vosotros, que vivís en un aislamiento voluntario, estáis en realidad en el corazón de la Iglesia, y hacéis correr por sus venas la sangre pura de la contemplación y del amor de Dios”.
Terminada la celebración de las Vísperas, el Santo Padre mantuvo un encuentro con la comunidad de los cartujos en el refectorio, firmó el Libro de Oro de los visitantes ilustres, y visitó luego una celda y la enfermería de la cartuja. Más tarde, regresó al aeropuerto de Lamezia Terme, desde donde, a las 20.00, partió el avión con el que regresó a Roma.
PV-LAMEZIA TERME-SERRA SAN BRUNO VIS 20111010 (630)
martes, 4 de octubre de 2011
Una hipocresía históricamente insensata
Y no es ciertamente la primera vez que esto ocurre. El intento de cambiar la datación viene de la Revolución francesa, que impuso un nuevo calendario en el que el cómputo del tiempo comenzaba desde el 14 de julio de 1789, día tradicional del inicio de los movimientos revolucionarios, e inventó nuevos nombres para los meses, obviamente borrando las fiestas cristianas, sustituidas por otras «revolucionarias». Las semanas, para borrar el domingo, fueron sustituidas por las décadas. El calendario duró poco, eliminado en 1806 por Napoleón: las nuevas fechas tenían algo de postizo y de ridículo incluso para los más orgullosos ilustrados.
El segundo intento lo realizó Lenin, que cambió el calendario sustituyéndolo con una datación que partía del golpe de Estado del 24 de octubre de 1917. Este calendario, que permaneció en vigor desde 1929 hasta 1940, sustituía las semanas con una escansión de cinco días, y naturalmente abolía las fiestas cristianas, reemplazándolas con las nacidas de la revolución. Pero tampoco este intento tuvo mucho éxito, como demuestra el hecho de que se usó paralelamente al calendario gregoriano, también para mantener relaciones con el resto del mundo. Así fue también para la datación a partir de la marcha sobre Roma, con la que comenzaba la Era fascista, impuesta por Mussolini y que, sin embargo, se aunaba a la tradicional, sin pretender sustituirla.
En resumen, la idea de remover el calendario cristiano tiene pésimos antecedentes, con numerosos fracasos a la espalda. Es necesario decir que esta vez la BBC se limita a cambiar la dicción y no el cómputo del tiempo, pero, haciendo así, no se puede negar que haya realizado un gesto hipócrita. La hipocresía de quien finge no saber por qué precisamente desde aquel momento se comienzan a contar los años.
Negar la función históricamente revolucionaria de la venida de Cristo a la tierra, aceptada también por quien no lo reconoce como Hijo de Dios, es una enorme tontería. Y desde el punto de vista histórico, lo saben tanto los judíos como los musulmanes.
¿Cómo se puede fingir no saber que solamente desde aquel momento se afirmó la idea de que todos los seres humanos son iguales en cuanto son todos hijos de Dios? Principio sobre el que se fundan los derechos humanos, en base a los cuales se juzga a pueblos y gobernantes. Principio que hasta ese momento nadie había apoyado, y sobre el que en cambio se basa la tradición cristiana.
¿Por qué no reconocer que desde aquel momento el mundo cambió? ¿Que desaparecieron tabúes e impuridades materiales y que la naturaleza fue liberada de la presencia de lo sobrenatural precisamente porque Dios es trascendente? De estas realidades nació la posibilidad para los pueblos europeos de descubrir el mundo y para los científicos de iniciar el estudio experimental de la naturaleza que ha llevado al nacimiento de la ciencia moderna.
¿Por qué entonces negar incluso las deudas culturales que la civilización tiene con respecto al cristianismo? No existe nada más anti-histórico ni más insensato, como judíos y musulmanes han comprendido claramente. No es cuestión de fe, sino de razón. También esta vez.
Lucetta Scaraffia
jueves, 22 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
Iniciativa de los laicos en Chile
Católicos para la alegría
«¡La alegría de ser católico!» es el lema de la convocatoria del sábado 15 de octubre en la céntrica Plaza Italia de Santiago de Chile. Se trata —explican los organizadores— de una alegre y auténtica expresión pública de la identidad católica que pretende implicar a miles de personas. La iniciativa, «promovida y apoyada por laicos de distintos ámbitos, ha sido valorada y agradecida por el arzobispo de Santiago» y presidente de la Conferencia episcopal de Chile, monseñor Ricardo Ezzati Andrello.
El encuentro comenzará a las 12 de la mañana en Plaza Italia. Los organizadores invitan a los participantes a asistir con camisetas blancas. «Caminaremos por la Alameda acompañados de nuestros cantos y rezos», detallan. Los promotores del encuentro anuncian: «Nos sacaremos una foto multitudinaria y se la enviaremos de regalo al Santo Padre como testimonio de nuestro cariño a la Iglesia fundada por Jesucristo».
Monseñor Ezzati Andrello, en una carta dirigida a los organizadores, expresa su satisfacción por esta iniciativa. «Alienta y anima ver a los laicos que asumen desafíos y tareas que ayudan a la Iglesia a crecer en su compromiso de anuncio del Evangelio», escribe, subrayando que considera «muy positivo que deseen manifestar en forma festiva, alegre y agradecida su pertenencia a la Iglesia».
La iniciativa —apuntan los organizadores— surgió «porque la persona de Cristo nos llena de alegría... Porque son muchas las personas e instituciones que han dejado, dejan y dejarán un rastro profundo de alegría en nuestras vidas... Porque los tiempos actuales nos animan a salir a la calle a mostrar nuestra alegría de ser católicos». Como miembros de la Iglesia, afirmaron, “somos conscientes de nuestra pertenencia a ella, y damos testimonio de nuestra fe y un signo de afecto a la Iglesia, a los sacerdotes, a los obispos y al Papa Benedicto XVI»
miércoles, 7 de septiembre de 2011
50 años del lanzamiento de «Adveniat» por el episcopado alemán
América Latina y Alemania
1945 es sinónimo de posguerra. Desde una Alemania postrada, varias comunidades católicas lanzan un grito de socorro al mundo. La respuesta se traduce en miles de paquetes de ayuda procedentes de muchos países sudamericanos gracias a la coordinación entre parroquias: era el inicio de un puente de solidaridad humana y cristiana que en años sucesivos se hizo de ida y vuelta. El 23 de agosto se cumplieron 50 años de la creación, por parte de la Conferencia episcopal alemana, de «Acción Episcopal Adveniat». La fiesta de Santa Rosa de Lima —patrona de América Latina— en 1961 marcó el nacimiento de la iniciativa. Tomó su nombre de la súplica latina del Padrenuestro para evidenciar su finalidad evangelizadora en la solidaridad de los católicos alemanes con los pueblos y la Iglesia en América Latina y el Caribe. Hoy Adveniat (www.adveniat.org) apoya unos 3.000 proyectos al año con aproximadamente 40 millones de euros. En este medio siglo los católicos alemanes han donado más de 2.300 millones de euros; y en 2009, la colecta navideña bordeó los 34 millones.
Con ocasión de las bodas de oro de Adveniat, «L’Osservatore Romano» ha entrevistado al señor Reiner Wilhelm, uno de los 12 responsables del Departamento de Proyectos (referat).
¿Cuántas horas de sueño «pierde» en su dedicación?
Muchas. Primero trabajé algún tiempo en Bolivia y a la vez en la pastoral local. Gracias a estos años iniciales, Bolivia es como el primer amor: nunca se olvida. Ahora conozco ambos lados de la situación: Latinoamérica con sus desafíos, y la de mi pueblo alemán, con posibilidades y necesidades. Mi función es como la de un puente, y a lo mejor también para mí es tiempo de cambios. He atendido durante trece años Ecuador, Chile y Venezuela. A este primer país iré en noviembre y quizás en 2012.
¿Cómo es la situación en Chile y Venezuela?
En Chile por lo general trabajamos con varios laicos, pues ahí la Iglesia está situada de forma diferente, goza de más posibilidades para autofinanciarse. En cuanto a Venezuela, actualmente apoyamos a un matrimonio de este país que está estudiando en Roma.
¿Cuál es la perspectiva actual y futura de Adveniat?
Estamos presentes en toda América Latina y el Caribe. Últimamente nos hemos reorganizado. Tenemos nuevas directrices y herramientas de trabajo más completas, siempre en cooperación y coordinación con América Latina, donde realizamos una encuesta durante casi un trienio para analizar cuáles son sus ideas y expectativas. Igualmente hicimos esta reflexión aquí desde nuestra sede en la ciudad de Essen a toda Alemania, con vistas al 50º aniversario.
A grandes rasgos, ¿qué conclusiones obtuvieron?
Evidentemente, el mundo está cambiando; la situación en América Latina, aún más; y debemos dar respuestas a las necesidades de hoy. Cuando la Iglesia en América Latina nos diga: «Estamos bien, somos autosuficientes y ya no les necesitamos», entonces desapareceremos. Por eso somos «Acción». Una acción que los obispos fundaron con una sola colecta —23 millones de marcos de la época— y que la hemos puesto en marcha cincuenta veces.
¿Por qué esta «Acción» nace precisamente en Alemania?
Las raíces de Adveniat se remontan a la posguerra. Al término del conflicto fuimos un pueblo humillado, totalmente destrozado, sin casas, sin nada. Y con aquella gente que nos ayudó a reconstruir nuestro país, a levantar nuestro espíritu y nuestra nación, estamos en deuda de solidaridad. El milagro de la economía alemana se refleja también en esas obras: gracias a los países latinoamericanos y a muchos otros, nuestro pueblo obtuvo las condiciones para ayudar a los demás. Y cuando se dio cuenta de que el hombre no sólo vive de pan, sino también del pan de la Palabra, nuestros obispos crearon Adveniat. Hoy todas las diócesis alemanas están comprometidas.
En su experiencia de acción caritativa, ¿hay luces y sombras?
Todo depende del país y de la gente. En una organización humanitaria muchas personas interactúan. Ciertamente es necesario discernir. En nuestro caso —como somos Iglesia— hay bastante respeto del receptor de ayuda y mucha confianza por nuestra parte.
¿Cómo funciona esta confianza al conceder becas de formación o al financiar proyectos?
Cuando se trata de religiosos y religiosas o sacerdotes, se entiende que trabajarán en la iglesia local o en los tribunales diocesanos. A veces se presta ayuda para la carrera diplomática. Por ejemplo, algunos chilenos y ecuatorianos hoy sirven en las nunciaturas. Por otro lado, conceder una beca a laicos es algo particular, pues su vinculación es distinta a la de pertenecer a una congregación o a la «sujeción» a la sede episcopal en un servicio posterior. Aquí entra en juego, si cabe, la confianza; y la decisión de ayuda se toma en diálogo entre el responsable del proyecto y el obispo. De todas formas, aunque se trabaje en el seno de la Iglesia, se requiere un contrato legal.
¿Qué más hace falta para obtener una aportación?
Además de la confianza depositada en el laico por parte de su obispo, se beca sólo si hay una necesidad en la Iglesia local. Sobre todo, estoy convencido de que para los laicos —más todavía si trabajan en el marco católico— es importante conocer: ver y vivir cada día la Iglesia, que no es sólo América Latina o Europa, sino mucho más.
En esta dinámica de universalidad de la Iglesia, ¿qué recibe la comunidad católica alemana? Entre la realidad latinoamericana y la europea, ¿qué riquezas se comparten y qué otras pobrezas se sanan?
Muchos creen que nosotros tenemos dinero y que ayudamos sin recibir nada. No es así. Recibimos la experiencia única de la Iglesia. Vemos que hay muchas iniciativas que surgen en América Latina y que, con certeza, podrían ser muy útiles para nosotros. Se ve así que la Iglesia no es una piedra monolítica, sino una expresión «multicultural, pluricultural» y «pluri-vocal». Cuanto más se va al norte, más se siente a la gente «seca» —por decirlo así— e individualista. Al contrario, en América Latina, sobre todo en Ecuador, Brasil, Bolivia, y el resto del continente, se mantiene la espontaneidad. Al norte todo está secularizado, mientras que en el sur la vida tiene mucho que ver con la religión, con lo que uno cree y es.
¿Cómo se organiza el equipo de Adveniat y sus voluntarios?
Somos 95 laicos —todos contratados—; nuestro director es monseñor Bernd Klaschka. Como voluntarios tenemos a algunos jóvenes que tienen lazos de amistad en América Latina. Cuando regresan a nuestra «casa» en Essen sirven a la Iglesia local haciendo pasantías en nuestros departamentos. Publicamos libros, ofrecemos talleres, cursos, seminarios; recopilamos artículos de tipo teológico y periodístico, para que la gente conozca la cultura latinoamericana. Promovemos siempre campañas de sensibilización.
¿Cuál es la más importante?
La campaña anual que se destina a recoger fondos, desde Adviento hasta la vigilia de Nochebuena y el día de Navidad. Cada año ideamos un lema y un tema. A finales de 2011 profundizaremos el lema de Adveniat «Que venga tu reino»: nuestra responsabilidad para la justicia, la paz y una vida de plenitud para todos. Con este motivo tendrá lugar un congreso con exponentes latinoamericanos y, al final, se celebrará una misa de apertura en una «favela» brasileña en el Estado de São Paulo —cerca de Aparecida—, que se televisará en Alemania. Esta iniciativa la lanzaremos el 14 de octubre y para ello serán nuestros invitados representantes de Alemania y de América Latina.
Romano el Melode por la Natividad de la Madre de Dios
da a luz el nido del Señor
La Natividad de la Madre de Dios es una de las fiestas marianas más antiguas, de origen jerosolimitano, testimoniada ya en el siglo IV e introducida en Constantinopla en el siglo VI y en Roma en el VII. Los textos del oficio de la tradición bizantina de la fiesta —que retoman autores de Jerusalén (Esteban, siglo VI) o constantinopolitanos (Sergio y Germán, siglos VII-VIII)— subrayan la plegaria de Joaquín y Ana en la angustia por la falta de descendencia y la gran alegría por el nacimiento de María.
Romano el Melode (siglo VI) tiene un kontàkion para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. En la estrofaintroductiva el autor resume los temas que desarrolla el texto y, sobre todo, el misterio que la fiesta celebra y contempla: a María misma, cantada con los títulos de “Madre de Dios, inmaculada, nutriente del género humano”, y su nacimiento, fuente de gozo para dos parejas, la de Joaquín y Ana, liberados de la vergüenza de la esterilidad, y la de Adán y Eva, liberados de la muerte.
Las dos primeras estrofas subrayan la carencia de descendencia de Joaquín y Ana y su oración ferviente para obtener el don y la bendición de Dios: el ruego de Joaquín tiene lugar sobre el monte; el de Ana en el jardín (en griego “paraíso”); con estas dos imágenes, Romano parece evocar lugares donde después Cristo mismo orará: “La oración y el lamento de Joaquín y Ana por la falta de hijos hallaron acogida, llegaron al oído del Señor e hicieron germinar un fruto portador de vida para el mundo. El uno sobre el monte recitaba su oración; la otra en el jardín soportaba su humillación”.
Tres estrofas más contemplan y sintetizan el nacimiento de María y su presentación en el templo, dos misterios que precisamente celebran las Iglesias cristianas el 8 de septiembre y el 21 de noviembre. Joaquín y Ana ofrecen en el templo los dones prescritos tras el nacimiento de María: “Joaquín ya había llevado dones al templo, pero no habían sido gratos: carecía de descendencia. Pero en el tiempo oportuno él presenta a la Virgen con los dones de agradecimiento junto a Ana. Joaquín invitó a la oración a sacerdotes y levitas y condujo a María entre ellos”.
La quinta estrofa del poema resume el misterio de la presentación y la vida de María en el templo, donde vive alimentada por las manos de un ángel y entra acompañada de diez vírgenes con las lámparas encendidas entre sus manos. Así, sirviéndose de la imagen del torrente que brota del templo (en Ezequiel, 47, 1-12), Romano subraya cómo, gracias a la presencia de María, el templo mismo se convierte en lugar donde brota la vida: “Un caudal de vida has hecho surgir para nosotros, tú, que tenías el don de alimentarte en el santuario por un ángel; tú, que eres santa entre los santos, y templo y nido del Señor. Las vírgenes condujeron a la Virgen con lámparas prefigurando el Sol que ella dio a los creyentes”. Además de la imagen del “templo”, Romano aplica a María la de “nido del Señor”.
Sigue la oración de agradecimiento de Ana. El don de Dios por el nacimiento de María la hace semejante a la otra Ana por el nacimiento de Samuel, el profeta; éste, en el servicio, se convierte en sacerdotes del Señor; María se convierte en Madre del Señor: “Tú me has escuchado, oh Señor, como a aquella Ana. Ella ofreció a su hijo Samuel para que sirviera como sacerdote al Señor, y tú también me has hecho un don. Grande es mi ventura pues he engendrado a una hija que engendrará al Señor Dios antes de los siglos, Aquél que, después del parto, conservará a la madre virgen como es. Será ella, oh misericordioso, tu puerta para la venida desde lo alto de los cielos”.
El poeta describe además el encuentro y desposorio de María y José: “María ahora resplandece con el paso de las estaciones y permanece en el templo de los santos. Viéndola en el florecimiento de la juventud, Zacarías, por indicación de la suerte, la puso bajo la autoridad del novio José, su prometido por voluntad divina. Ella le es donada a él mediante un bastón que mueve el Espíritu Santo”.
Al final, Romano enumera una serie de títulos que unen a María con el misterio de la salvación obrado por Cristo: “Tu parto, oh Ana veneranda, es bendito porque has dado a luz la gloria del mundo, la deseada mediadora para el género humano. Es muralla, fortaleza y refugio de cuantos en ella confían. Cada cristiano tiene en ella protección, amparo y esperanza de salvación”. Concluye el poema una oración a Dios, el único amigo de los hombres.



