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miércoles, 7 de septiembre de 2011

50 años del lanzamiento de «Adveniat» por el episcopado alemán

Ese puente que une

América Latina y Alemania

1945 es sinónimo de posguerra. Desde una Alemania postrada, varias comunidades católicas lanzan un grito de socorro al mundo. La respuesta se traduce en miles de paquetes de ayuda procedentes de muchos países sudamericanos gracias a la coordinación entre parroquias: era el inicio de un puente de solidaridad humana y cristiana que en años sucesivos se hizo de ida y vuelta. El 23 de agosto se cumplieron 50 años de la creación, por parte de la Conferencia episcopal alemana, de «Acción Episcopal Adveniat». La fiesta de Santa Rosa de Lima —patrona de América Latina— en 1961 marcó el nacimiento de la iniciativa. Tomó su nombre de la súplica latina del Padrenuestro para evidenciar su finalidad evangelizadora en la solidaridad de los católicos alemanes con los pueblos y la Iglesia en América Latina y el Acción solidaria en las inundaciones tras el huracán «Fifí» en Honduras, 1974 (archivo fotográfico de Adveniat)Caribe. Hoy Adveniat (www.adveniat.org) apoya unos 3.000 proyectos al año con aproximadamente 40 millones de euros. En este medio siglo los católicos alemanes han donado más de 2.300 millones de euros; y en 2009, la colecta navideña bordeó los 34 millones.

Con ocasión de las bodas de oro de Adveniat, «L’Osservatore Romano» ha entrevistado al señor Reiner Wilhelm, uno de los 12 responsables del Departamento de Proyectos (referat).

¿Cuántas horas de sueño «pierde» en su dedicación?

Muchas. Primero trabajé algún tiempo en Bolivia y a la vez en la pastoral local. Gracias a estos años iniciales, Bolivia es como el primer amor: nunca se olvida. Ahora conozco ambos lados de la situación: Latinoamérica con sus desafíos, y la de mi pueblo alemán, con posibilidades y necesidades. Mi función es como la de un puente, y a lo mejor también para mí es tiempo de cambios. He atendido durante trece años Ecuador, Chile y Venezuela. A este primer país iré en noviembre y quizás en 2012.

¿Cómo es la situación en Chile y Venezuela?

En Chile por lo general trabajamos con varios laicos, pues ahí la Iglesia está situada de forma diferente, goza de más posibilidades para autofinanciarse. En cuanto a Venezuela, actualmente apoyamos a un matrimonio de este país que está estudiando en Roma.

¿Cuál es la perspectiva actual y futura de Adveniat?

Estamos presentes en toda América Latina y el Caribe. Últimamente nos hemos reorganizado. Tenemos nuevas directrices y herramientas de trabajo más completas, siempre en cooperación y coordinación con América Latina, donde realizamos una encuesta durante casi un trienio para analizar cuáles son sus ideas y expectativas. Igualmente hicimos esta reflexión aquí desde nuestra sede en la ciudad de Essen a toda Alemania, con vistas al 50º aniversario.

A grandes rasgos, ¿qué conclusiones obtuvieron?

Evidentemente, el mundo está cambiando; la situación en América Latina, aún más; y debemos dar respuestas a las necesidades de hoy. Cuando la Iglesia en América Latina nos diga: «Estamos bien, somos autosuficientes y ya no les necesitamos», entonces desapareceremos. Por eso somos «Acción». Una acción que los obispos fundaron con una sola colecta —23 millones de marcos de la época— y que la hemos puesto en marcha cincuenta veces.

¿Por qué esta «Acción» nace precisamente en Alemania?

Las raíces de Adveniat se remontan a la posguerra. Al término del conflicto fuimos un pueblo humillado, totalmente destrozado, sin casas, sin nada. Y con aquella gente que nos ayudó a reconstruir nuestro país, a levantar nuestro espíritu y nuestra nación, estamos en deuda de solidaridad. El milagro de la economía alemana se refleja también en esas obras: gracias a los países latinoamericanos y a muchos otros, nuestro pueblo obtuvo las condiciones para ayudar a los demás. Y cuando se dio cuenta de que el hombre no sólo vive de pan, sino también del pan de la Palabra, nuestros obispos crearon Adveniat. Hoy todas las diócesis alemanas están comprometidas.

En su experiencia de acción caritativa, ¿hay luces y sombras?

Todo depende del país y de la gente. En una organización humanitaria muchas personas interactúan. Ciertamente es necesario discernir. En nuestro caso —como somos Iglesia— hay bastante respeto del receptor de ayuda y mucha confianza por nuestra parte.

¿Cómo funciona esta confianza al conceder becas de formación o al financiar proyectos?

Cuando se trata de religiosos y religiosas o sacerdotes, se entiende que trabajarán en la iglesia local o en los tribunales diocesanos. A veces se presta ayuda para la carrera diplomática. Por ejemplo, algunos chilenos y ecuatorianos hoy sirven en las nunciaturas. Por otro lado, conceder una beca a laicos es algo particular, pues su vinculación es distinta a la de pertenecer a una congregación o a la «sujeción» a la sede episcopal en un servicio posterior. Aquí entra en juego, si cabe, la confianza; y la decisión de ayuda se toma en diálogo entre el responsable del proyecto y el obispo. De todas formas, aunque se trabaje en el seno de la Iglesia, se requiere un contrato legal.

¿Qué más hace falta para obtener una aportación?

Además de la confianza depositada en el laico por parte de su obispo, se beca sólo si hay una necesidad en la Iglesia local. Sobre todo, estoy convencido de que para los laicos —más todavía si trabajan en el marco católico— es importante conocer: ver y vivir cada día la Iglesia, que no es sólo América Latina o Europa, sino mucho más.

En esta dinámica de universalidad de la Iglesia, ¿qué recibe la comunidad católica alemana? Entre la realidad latinoamericana y la europea, ¿qué riquezas se comparten y qué otras pobrezas se sanan?

Muchos creen que nosotros tenemos dinero y que ayudamos sin recibir nada. No es así. Recibimos la experiencia única de la Iglesia. Vemos que hay muchas iniciativas que surgen en América Latina y que, con certeza, podrían ser muy útiles para nosotros. Se ve así que la Iglesia no es una piedra monolítica, sino una expresión «multicultural, pluricultural» y «pluri-vocal». Cuanto más se va al norte, más se siente a la gente «seca» —por decirlo así— e individualista. Al contrario, en América Latina, sobre todo en Ecuador, Brasil, Bolivia, y el resto del continente, se mantiene la espontaneidad. Al norte todo está secularizado, mientras que en el sur la vida tiene mucho que ver con la religión, con lo que uno cree y es.

¿Cómo se organiza el equipo de Adveniat y sus voluntarios?

Somos 95 laicos —todos contratados—; nuestro director es monseñor Bernd Klaschka. Como voluntarios tenemos a algunos jóvenes que tienen lazos de amistad en América Latina. Cuando regresan a nuestra «casa» en Essen sirven a la Iglesia local haciendo pasantías en nuestros departamentos. Publicamos libros, ofrecemos talleres, cursos, seminarios; recopilamos artículos de tipo teológico y periodístico, para que la gente conozca la cultura latinoamericana. Promovemos siempre campañas de sensibilización.

¿Cuál es la más importante?

La campaña anual que se destina a recoger fondos, desde Adviento hasta la vigilia de Nochebuena y el día de Navidad. Cada año ideamos un lema y un tema. A finales de 2011 profundizaremos el lema de Adveniat «Que venga tu reino»: nuestra responsabilidad para la justicia, la paz y una vida de plenitud para todos. Con este motivo tendrá lugar un congreso con exponentes latinoamericanos y, al final, se celebrará una misa de apertura en una «favela» brasileña en el Estado de São Paulo —cerca de Aparecida—, que se televisará en Alemania. Esta iniciativa la lanzaremos el 14 de octubre y para ello serán nuestros invitados representantes de Alemania y de América Latina.

Karina Alarcón Peralta

Osservatore Romano

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