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jueves, 22 de septiembre de 2011

domingo, 18 de septiembre de 2011

Iniciativa de los laicos en Chile

Católicos para la alegría

«¡La alegría de ser católico!» es el lema de la convocatoria del sábado 15 de octubre en la céntrica Plaza Italia de Santiago de Chile. Se trata —explican los organizadores— de una alegre y auténtica expresión pública de la identidad católica que pretende implicar a miles de personas.
La iniciativa, «promovida y apoyada por laicos de distintos ámbitos, ha sido valorada y agradecida por el arzobispo de Santiago» y presidente de la Conferencia episcopal de Chile, monseñor Ricardo Ezzati Andrello.
El encuentro comenzará a las 12 de la mañana en Plaza Italia. Los organizadores invitan a los participantes a asistir con camisetas blancas. «Caminaremos por la Alameda acompañados de nuestros cantos y rezos», detallan. Los promotores del encuentro anuncian: «Nos sacaremos una foto multitudinaria y se la enviaremos de regalo al Santo Padre como testimonio de nuestro cariño a la Iglesia fundada por Jesucristo».
Monseñor Ezzati Andrello, en una carta dirigida a los organizadores, expresa su satisfacción por esta iniciativa. «Alienta y anima ver a los laicos que asumen desafíos y tareas que ayudan a la Iglesia a crecer en su compromiso de anuncio del Evangelio», escribe, subrayando que considera «muy positivo que deseen manifestar en forma festiva, alegre y agradecida su pertenencia a la Iglesia».
La iniciativa —apuntan los organizadores— surgió «porque la persona de Cristo nos llena de alegría... Porque son muchas las personas e instituciones que han dejado, dejan y dejarán un rastro profundo de alegría en nuestras vidas... Porque los tiempos actuales nos animan a salir a la calle a mostrar nuestra alegría de ser católicos». Como miembros de la Iglesia, afirmaron, “somos conscientes de nuestra pertenencia a ella, y damos testimonio de nuestra fe y un signo de afecto a la Iglesia, a los sacerdotes, a los obispos y al Papa Benedicto XVI»

miércoles, 7 de septiembre de 2011

50 años del lanzamiento de «Adveniat» por el episcopado alemán

Ese puente que une

América Latina y Alemania

1945 es sinónimo de posguerra. Desde una Alemania postrada, varias comunidades católicas lanzan un grito de socorro al mundo. La respuesta se traduce en miles de paquetes de ayuda procedentes de muchos países sudamericanos gracias a la coordinación entre parroquias: era el inicio de un puente de solidaridad humana y cristiana que en años sucesivos se hizo de ida y vuelta. El 23 de agosto se cumplieron 50 años de la creación, por parte de la Conferencia episcopal alemana, de «Acción Episcopal Adveniat». La fiesta de Santa Rosa de Lima —patrona de América Latina— en 1961 marcó el nacimiento de la iniciativa. Tomó su nombre de la súplica latina del Padrenuestro para evidenciar su finalidad evangelizadora en la solidaridad de los católicos alemanes con los pueblos y la Iglesia en América Latina y el Acción solidaria en las inundaciones tras el huracán «Fifí» en Honduras, 1974 (archivo fotográfico de Adveniat)Caribe. Hoy Adveniat (www.adveniat.org) apoya unos 3.000 proyectos al año con aproximadamente 40 millones de euros. En este medio siglo los católicos alemanes han donado más de 2.300 millones de euros; y en 2009, la colecta navideña bordeó los 34 millones.

Con ocasión de las bodas de oro de Adveniat, «L’Osservatore Romano» ha entrevistado al señor Reiner Wilhelm, uno de los 12 responsables del Departamento de Proyectos (referat).

¿Cuántas horas de sueño «pierde» en su dedicación?

Muchas. Primero trabajé algún tiempo en Bolivia y a la vez en la pastoral local. Gracias a estos años iniciales, Bolivia es como el primer amor: nunca se olvida. Ahora conozco ambos lados de la situación: Latinoamérica con sus desafíos, y la de mi pueblo alemán, con posibilidades y necesidades. Mi función es como la de un puente, y a lo mejor también para mí es tiempo de cambios. He atendido durante trece años Ecuador, Chile y Venezuela. A este primer país iré en noviembre y quizás en 2012.

¿Cómo es la situación en Chile y Venezuela?

En Chile por lo general trabajamos con varios laicos, pues ahí la Iglesia está situada de forma diferente, goza de más posibilidades para autofinanciarse. En cuanto a Venezuela, actualmente apoyamos a un matrimonio de este país que está estudiando en Roma.

¿Cuál es la perspectiva actual y futura de Adveniat?

Estamos presentes en toda América Latina y el Caribe. Últimamente nos hemos reorganizado. Tenemos nuevas directrices y herramientas de trabajo más completas, siempre en cooperación y coordinación con América Latina, donde realizamos una encuesta durante casi un trienio para analizar cuáles son sus ideas y expectativas. Igualmente hicimos esta reflexión aquí desde nuestra sede en la ciudad de Essen a toda Alemania, con vistas al 50º aniversario.

A grandes rasgos, ¿qué conclusiones obtuvieron?

Evidentemente, el mundo está cambiando; la situación en América Latina, aún más; y debemos dar respuestas a las necesidades de hoy. Cuando la Iglesia en América Latina nos diga: «Estamos bien, somos autosuficientes y ya no les necesitamos», entonces desapareceremos. Por eso somos «Acción». Una acción que los obispos fundaron con una sola colecta —23 millones de marcos de la época— y que la hemos puesto en marcha cincuenta veces.

¿Por qué esta «Acción» nace precisamente en Alemania?

Las raíces de Adveniat se remontan a la posguerra. Al término del conflicto fuimos un pueblo humillado, totalmente destrozado, sin casas, sin nada. Y con aquella gente que nos ayudó a reconstruir nuestro país, a levantar nuestro espíritu y nuestra nación, estamos en deuda de solidaridad. El milagro de la economía alemana se refleja también en esas obras: gracias a los países latinoamericanos y a muchos otros, nuestro pueblo obtuvo las condiciones para ayudar a los demás. Y cuando se dio cuenta de que el hombre no sólo vive de pan, sino también del pan de la Palabra, nuestros obispos crearon Adveniat. Hoy todas las diócesis alemanas están comprometidas.

En su experiencia de acción caritativa, ¿hay luces y sombras?

Todo depende del país y de la gente. En una organización humanitaria muchas personas interactúan. Ciertamente es necesario discernir. En nuestro caso —como somos Iglesia— hay bastante respeto del receptor de ayuda y mucha confianza por nuestra parte.

¿Cómo funciona esta confianza al conceder becas de formación o al financiar proyectos?

Cuando se trata de religiosos y religiosas o sacerdotes, se entiende que trabajarán en la iglesia local o en los tribunales diocesanos. A veces se presta ayuda para la carrera diplomática. Por ejemplo, algunos chilenos y ecuatorianos hoy sirven en las nunciaturas. Por otro lado, conceder una beca a laicos es algo particular, pues su vinculación es distinta a la de pertenecer a una congregación o a la «sujeción» a la sede episcopal en un servicio posterior. Aquí entra en juego, si cabe, la confianza; y la decisión de ayuda se toma en diálogo entre el responsable del proyecto y el obispo. De todas formas, aunque se trabaje en el seno de la Iglesia, se requiere un contrato legal.

¿Qué más hace falta para obtener una aportación?

Además de la confianza depositada en el laico por parte de su obispo, se beca sólo si hay una necesidad en la Iglesia local. Sobre todo, estoy convencido de que para los laicos —más todavía si trabajan en el marco católico— es importante conocer: ver y vivir cada día la Iglesia, que no es sólo América Latina o Europa, sino mucho más.

En esta dinámica de universalidad de la Iglesia, ¿qué recibe la comunidad católica alemana? Entre la realidad latinoamericana y la europea, ¿qué riquezas se comparten y qué otras pobrezas se sanan?

Muchos creen que nosotros tenemos dinero y que ayudamos sin recibir nada. No es así. Recibimos la experiencia única de la Iglesia. Vemos que hay muchas iniciativas que surgen en América Latina y que, con certeza, podrían ser muy útiles para nosotros. Se ve así que la Iglesia no es una piedra monolítica, sino una expresión «multicultural, pluricultural» y «pluri-vocal». Cuanto más se va al norte, más se siente a la gente «seca» —por decirlo así— e individualista. Al contrario, en América Latina, sobre todo en Ecuador, Brasil, Bolivia, y el resto del continente, se mantiene la espontaneidad. Al norte todo está secularizado, mientras que en el sur la vida tiene mucho que ver con la religión, con lo que uno cree y es.

¿Cómo se organiza el equipo de Adveniat y sus voluntarios?

Somos 95 laicos —todos contratados—; nuestro director es monseñor Bernd Klaschka. Como voluntarios tenemos a algunos jóvenes que tienen lazos de amistad en América Latina. Cuando regresan a nuestra «casa» en Essen sirven a la Iglesia local haciendo pasantías en nuestros departamentos. Publicamos libros, ofrecemos talleres, cursos, seminarios; recopilamos artículos de tipo teológico y periodístico, para que la gente conozca la cultura latinoamericana. Promovemos siempre campañas de sensibilización.

¿Cuál es la más importante?

La campaña anual que se destina a recoger fondos, desde Adviento hasta la vigilia de Nochebuena y el día de Navidad. Cada año ideamos un lema y un tema. A finales de 2011 profundizaremos el lema de Adveniat «Que venga tu reino»: nuestra responsabilidad para la justicia, la paz y una vida de plenitud para todos. Con este motivo tendrá lugar un congreso con exponentes latinoamericanos y, al final, se celebrará una misa de apertura en una «favela» brasileña en el Estado de São Paulo —cerca de Aparecida—, que se televisará en Alemania. Esta iniciativa la lanzaremos el 14 de octubre y para ello serán nuestros invitados representantes de Alemania y de América Latina.

Karina Alarcón Peralta

Osservatore Romano

Romano el Melode por la Natividad de la Madre de Dios

Hoy la estéril Ana

da a luz el nido del Señor

La Natividad de la Madre de Dios es una de las fiestas marianas más antiguas, de origen jerosolimitano, testimoniada ya en el siglo IV e introducida en Constantinopla en el siglo VI y en Roma en el VII. Los textos del oficio de la tradición bizantina de la fiesta —que retoman autores de Jerusalén (Esteban, siglo VI) o constantinopolitanos (Sergio y Germán, siglos VII-VIII)— subrayan la plegaria de Joaquín y Ana en la angustia por la falta de descendencia y la gran alegría por el nacimiento de María.


Romano el Melode (siglo VI) tiene un kontàkion para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. En la estrofa Santa Ana con la Madre de Dios (icono, Siria, siglo XIX)introductiva el autor resume los temas que desarrolla el texto y, sobre todo, el misterio que la fiesta celebra y contempla: a María misma, cantada con los títulos de “Madre de Dios, inmaculada, nutriente del género humano”, y su nacimiento, fuente de gozo para dos parejas, la de Joaquín y Ana, liberados de la vergüenza de la esterilidad, y la de Adán y Eva, liberados de la muerte.


Las dos primeras estrofas subrayan la carencia de descendencia de Joaquín y Ana y su oración ferviente para obtener el don y la bendición de Dios: el ruego de Joaquín tiene lugar sobre el monte; el de Ana en el jardín (en griego “paraíso”); con estas dos imágenes, Romano parece evocar lugares donde después Cristo mismo orará: “La oración y el lamento de Joaquín y Ana por la falta de hijos hallaron acogida, llegaron al oído del Señor e hicieron germinar un fruto portador de vida para el mundo. El uno sobre el monte recitaba su oración; la otra en el jardín soportaba su humillación”.


Tres estrofas más contemplan y sintetizan el nacimiento de María y su presentación en el templo, dos misterios que precisamente celebran las Iglesias cristianas el 8 de septiembre y el 21 de noviembre. Joaquín y Ana ofrecen en el templo los dones prescritos tras el nacimiento de María: “Joaquín ya había llevado dones al templo, pero no habían sido gratos: carecía de descendencia. Pero en el tiempo oportuno él presenta a la Virgen con los dones de agradecimiento junto a Ana. Joaquín invitó a la oración a sacerdotes y levitas y condujo a María entre ellos”.


La quinta estrofa del poema resume el misterio de la presentación y la vida de María en el templo, donde vive alimentada por las manos de un ángel y entra acompañada de diez vírgenes con las lámparas encendidas entre sus manos. Así, sirviéndose de la imagen del torrente que brota del templo (en Ezequiel, 47, 1-12), Romano subraya cómo, gracias a la presencia de María, el templo mismo se convierte en lugar donde brota la vida: “Un caudal de vida has hecho surgir para nosotros, tú, que tenías el don de alimentarte en el santuario por un ángel; tú, que eres santa entre los santos, y templo y nido del Señor. Las vírgenes condujeron a la Virgen con lámparas prefigurando el Sol que ella dio a los creyentes”. Además de la imagen del “templo”, Romano aplica a María la de “nido del Señor”.

Sigue la oración de agradecimiento de Ana. El don de Dios por el nacimiento de María la hace semejante a la otra Ana por el nacimiento de Samuel, el profeta; éste, en el servicio, se convierte en sacerdotes del Señor; María se convierte en Madre del Señor: “Tú me has escuchado, oh Señor, como a aquella Ana. Ella ofreció a su hijo Samuel para que sirviera como sacerdote al Señor, y tú también me has hecho un don. Grande es mi ventura pues he engendrado a una hija que engendrará al Señor Dios antes de los siglos, Aquél que, después del parto, conservará a la madre virgen como es. Será ella, oh misericordioso, tu puerta para la venida desde lo alto de los cielos”.

El poeta describe además el encuentro y desposorio de María y José: “María ahora resplandece con el paso de las estaciones y permanece en el templo de los santos. Viéndola en el florecimiento de la juventud, Zacarías, por indicación de la suerte, la puso bajo la autoridad del novio José, su prometido por voluntad divina. Ella le es donada a él mediante un bastón que mueve el Espíritu Santo”.


Al final, Romano enumera una serie de títulos que unen a María con el misterio de la salvación obrado por Cristo: “Tu parto, oh Ana veneranda, es bendito porque has dado a luz la gloria del mundo, la deseada mediadora para el género humano. Es muralla, fortaleza y refugio de cuantos en ella confían. Cada cristiano tiene en ella protección, amparo y esperanza de salvación”. Concluye el poema una oración a Dios, el único amigo de los hombres.

8 de septiembre de 2011
Osservatore Romano edición Digital

viernes, 2 de septiembre de 2011

Una encuesta entre los musulmanes sobre hostilidad e intolerancia después del 11 de septiembre

Diez años de vida difícil

para los musulmanes americanos

Washington, 1.

Diez años después es más difícil ser musulmanes en Estados Unidos. Desde aquel fatal 11 de septiembre, que influyó tan decisivamente en la historia reciente de todo el planeta, para los seguidores del islam en tierra americana resultan más complicadas las cosas de cada día, como ir de compras, caminar por la calle, tomar un transporte público. Siempre bajo la mirada de los demás, con el riesgo constante de ser más controlados que otros, vistos con sospecha o insultados. Esta es, al menos, la opinión manifestada por la mayoría de los musulmanes americanos entrevistados por el Pew Research Center for the People and the Press.


Al mismo tiempo, sin embargo, la encuesta muestra que la mitad de los entrevistados reconoce que en estos años sus conciudadanos americanos les han expresado también amistad y simpatía. Una neta mayoría —los tres cuartos de los entrevistados— sostiene con convicción el principio fundamental del «sueño americano», es decir, que con el trabajo y el esfuerzo siempre se puede mejorar la propia vida. También según el Pew Center, los musulmanes presentes en Estados Unidos son 2.000.750, o sea, 400.000 más que hace cuatro años. Los musulmanes en Estados Unidos no constituyen una «clase inferior», pero son el grupo que con más convicción quiere «ser americano», porque «ven que aquí tienen una oportunidad», sintetiza Andrew Kohut, del Pew center. Una comunidad difícil de analizar, compuesta en dos tercios por inmigrantes procedentes de decenas de países y culturas diversas. Una diversidad que también es complicado poner de relieve, pues ni el reciente censo ni la oficina de inmigración pide, por respetar la privacidad, que se indique la propria pertenencia religiosa.

Durante tres meses se entrevistó a más de mil personas. Y ahora, pocos días después del décimo aniversario de los atentados, se presentan los resultados de la encuesta, que muestra también cómo el 60 por ciento de los musulmanes nacidos en Estados Unidos acusan a sus propios líderes de la comunidad islámica por no condenar de modo bastante firme el extremismo. Opinión, esta última que comparte también el 43 por ciento de los musulmanes inmigrantes en Estados Unidos. «Nuestra capacidad de hacer que se escuche nuestra llamada a la moderación -admite Safaa Zarzour, secretario general de la Islamic Society of North America- no es como quisiéramos que fuera».

2 de septiembre de 2011

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL PAPA PARA EL MES DE SEPTIEMBRE



-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de septiembre es: “Por todos los docentes, para que sepan trasmitir el amor a la verdad y educar en los valores morales y espirituales auténticos”.

Su intención misionera es: “Para que las comunidades cristianas dispersas en el continente asiático proclamen el Evangelio con fervor, dando testimonio de su belleza con la alegría de la fe”.