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sábado, 31 de diciembre de 2011

viernes, 30 de diciembre de 2011

-He erigido la nueva diócesis de La Ceiba en Honduras con territorio desmembrado de la diócesis de San Pedro Sula, haciéndola sufragánea de la archidiócesis de Tegucigalpa (Honduras). -Ha nombrado al padre Michael Lenihan O.F.M., como primer obispo de La Ceiba (superficie 4.640, población 547.709, católicos 398.800, sacerdotes 22, religiosos 42) en Honduras. El obispo electo nació en 1951 en Abbeyfeale (Irlanda); pronunció la profesión solemne en 1977 y fue ordenado sacerdote en 1980. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Galway (Irlanda) y Teología en la Pontificia Universidad de Santo Tomás y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Ha sido director espiritual; vicario parroquial, párroco; definidor provincial de la región de Honduras . Desde 2009 ha sido guardián de la Fraternidad de San Buenaventura de l
a Curia Provincial de los Frailes Menores y vicario parroquial de la parroquia del Inmaculado Corazón de María en Guatemala.

jueves, 22 de diciembre de 2011

anglicanos pasan a vivir su fe desde la Iglesia Catolica

A lo largo de 2011, más de 800 laicos anglicanos y más de 60 clérigos de esta confesión se han hecho católicos en Inglaterra, Gales y Escocia, aprovechando la "Anglicanorum Coetibus", una oferta del Papa publicada en noviembre de 2009 para aceptar grupos de anglicanos que se unan en plena comunión con la Sede de Pedro manteniendo elementos de su liturgia y herencia cultural. El obispo anglicano, Derek Hoskin, expresó su pesar por el cierre de la comunidad anglicana, pero se mostró perfectamente cordial y colaborador, y de hecho la nota de prensa explicando los hechos la realizaron conjuntamente el obispo católico con el anglicano, con ejemplar serenidad. Pagarán alquiler Sin embargo, en todos los casos, esos ex-anglicanos han tenido que dejar los edificios en los que rendían culto, y a menudo ha habido parroquias anglicanas que veían como la mitad o un tercio de sus parroquianos se iban en bloque al catolicismo. Este domingo pasado se dio un caso distinto, aunque no en Inglaterra sino en Calgary, Canadá: toda una parroquia anglicana, incluyendo sus dos párrocos, se hizo católica, manteniendo incluso el templo (por el que pagarán alquiler 5 años a la diócesis anglicana de Calgary, con opción a compra). (Hay que tener en cuenta que las parroquias anglicanas suelen ser pequeñas para lo acostumbrado por los católicos, especialmente los de España o Hispanoamérica). No esperaron al ordinariato En Canadá todavía no existe un ordinariato anglo-católico creado según las instrucciones de "Anglicanorum Coetibus" para acoger a un grupo como este: es un país enorme, con grupos muy separados por las distancias y los orígenes, y el responsable de pilotar el proceso, el arzobispo de Toronto, Thomas Collins, aún está recogiendo datos. Pero los parroquianos de Saint John the Evangelist, de Inglewood, Calgary, no estaban dispuestos a esperar más. En noviembre de 2010 ya votaron en bloque a favor de unirse al ordinariato anglocatólico cuando se crease, pero al alargarse el proceso, y con el Catecismo de la Iglesia Católica ya bien estudiado, tomaron otra decisión: convertirse ya en una parroquia católica de "uso anglicano del rito latino" (con web aquí), una fórmula que desde hace 30 años se viene empleando en un grupo de parroquias católicas de EU que antaño fueron anglicanas y mantienen aspectos de la liturgia anglicana. Aprobadas Tanto el arzobispo Collins como el obispo católico local, Frederick Henry, dieron su aprobación. Así, el domingo 18 de diciembre 50 parroquianos, incluyendo los que fueron sus pastores durante muchos años, los reverendos Lee Kenyon y John Wright, en una ceremonia solemne en la catedral de Calgary , fueron recibidos en bloque en la Iglesia Católica. De clérigos a sacerdotes El arzobispo Collins y el obispo Henry han puesto a un sacerdote católico, Michael Storey, como capellán de esta comunidad, hasta que se cree el Ordinariato con sus propios sacerdotes. Lee Kenyon y John Wright, que desde el domingo son simples laicos católicos, esperan ser ordenados sacerdotes católicos para el ordinariato en un día no muy lejano, como ha sucedido con muchos de los clérigos ex-anglicanos del ordinariato inglés. ¡Con música española! En la Vigilia de Navidad la nueva comunidad católica de "uso anglicano" celebrará su primera misa católica, de las 22.30 a la medianoche, según el "uso anglicano" del rito latino, pero, eso sí, con un cuarteto de voces que cantará la misa "O Quam Gloriosum est Regnum" del compositor renacentista español y nada anglicano Tomás Luis de Vitoria. (Aunque el autor es español, la letra es, como es obvio en la música sacra católica del siglo XVI, en latín). Es la primera parroquia "católica de uso anglicano del rito latino" de la historia de Canadá Dos más en ciernes En el año 2009 el Papa puso en marcha la institución de Ordinariatos personales para acoger a los anglicanos que quieran pasarse a la Iglesia católica sin abandonar sus tradiciones litúrgicas. Desde entonces, en EU dos parroquias episcopalianas han solicitado incorporarse a un ordinariato en cuanto sea posible. Baltimore y Maryland La parroquia Mount Calvary de Baltimore anunció su decisión en octubre de 2010. Ahora le sigue la parroquia de Saint Luke en Maryland. En principio, cada ordinariato se ocupa de un país, aunque en el caso de EU no se tomará una decisión hasta conocer el número exacto de comunidades que desean hacerse católicas. Total apoyo Cuando la comunidad de Maryland anunció su decisión, recibió el apoyo del cardenal Wuerl y del obispo episcopaliano John Bryson Chane, de Washington. El cardenal Wuerl, arzobispo de Washington, es el encargado de guiar la incorporación de grupos de anglicanos de Estados Unidos que desean hacerse católicos. Teología "progre" Comunión Anglicana Tradicional La teología "progre" vacía las parroquias. Y la prueba más evidente es la Iglesia Episcopaliana, los anglicanos de EU, antaño una comunidad en crecimiento, y ahora en un declive tan grave que un tercio de sus parroquias cerrarán en los próximos cinco años, según un reciente informe del portal anglicano conservador VirtueOnline que analiza los datos oficiales de esta iglesia. Deriva liberal Los episcopalianos han aprobado todo lo que los "progres" exigen y más. Pero eso no ha atraído fieles. En el siglo XVI, el anglicanismo aceptó el clero casado. En 1930, aceptaron la anticoncepción. En 1976, los episcopalianos aprobaron el clero femenino. En 1989, se ordenó la primera obispa episcopaliana. En 1994, prohibió toda terapia para dejar la homosexualidad. En 2000, se aceptó el sexo fuera del matrimonio. En 2003 ordenaron como obispo a Gene Robinson, un señor divorciado, con dos hijos, que vivía «maritalmente» con otro hombre (este año 2011 dejó el cargo). En 2006 el episcopalianismo admitía el matrimonio homosexual. En 2010 presumía de ordenar en Los Ángeles una obispa lesbiana activa. El 1 de enero de 2011 un obispo episcopaliano casaba con boato mediático a dos sacerdotisas lesbianas episcopalianas, una de ellas famosa militante pro-aborto, Katherine Ragsdale.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LAS FATIGAS NO BLOQUEAN LA ORACIÓN DE JESÚS


AUDIENCIA DEL MIÉRCOLES 30 DE NOVIEMBRE: LAS FATIGAS NO BLOQUEAN LA ORACIÓN DE JESÚS
ZENIT nos ofrece la catequesis que el Santo Padre Benedicto XVI ha realizado al dirigirse a los fieles congregados para la audiencia del miércoles 30 de Noviemb re de 2011, provenientes de Italia y de todas las partes del mundo. La catequesis continúa el ciclo de la oración.

Queridos hermanos y hermanas, en las últimas catequesis hemos reflexionado sobre algunos ejemplos de oración en el Antiguo Testamento, hoy comenzamos a mirar a Jesús, a su oración, que atraviesa toda su vida, como un canal secreto que irriga la existencia, las relaciones, los gestos y que lo guía, con progresiva firmeza, al don total de sí mismo, según el proyecto de amor de Dios Padre. Él es el maestro también de nuestra oración, incluso Él es el apoyo activo y fraternal de nuestro dirigirnos al Padre. Verdaderamente, como resume un título del Compendio del Catecismo dela Iglesia: “la oración se revela y actúa plenamente en Jesús” (541-547). A Él nos vamos a referir en las próximas catequesis. Un momento particularmente significativo de su camino es la oración que sigue al Bautismo al que se somete en el río Jordán. El evangelista Lucas dice que Jesús, después de haber recibido, junto a todo el pueblo, el bautismo por mano de Juan el Bautista, entra en una oración muy personal y prolongada.

Escribe: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma” (Lc 3, 21-22). Es este “mientras estaba orando”, en diálogo con el Padre, lo que ilumina la acción que ha realizado junto a tantos otros de su pueblo que habían llegado a la orilla del Jordán. Rezar le da a su gesto, el Bautismo, un trato exclusivo y personal. El Bautista había hecho un fuerte llamamiento a vivir plenamente como “hijos de Abraham”, convirtiéndose al bien y dando frutos dignos de este cambio (cfr Lc 3,7-9). Y un gran número de israelitas se movió, como recuerda el evangelista Marcos, que escribe: “Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados” (Mc 1,5). El Bautista aportaba algo realmente nuevo: someterse al Bautismo debía marcar un cambio determinante, dejar una conducta ligada al pecado e iniciar una vida nueva. También Jesús acepta esta invitación, entre en la gris multitud de los pecadores que esperan en la orilla del Jordán. También a nosotros, como a los primeros cristianos, nos surge esta pregunta: ¿por qué Jesús se somete voluntariamente a este bautismo de penitencia y de conversión? Él no había pecado, no tenía necesidad de convertirse. Entonces ¿por qué realizar este gesto? El Evangelista Mateo describe el estupor del Bautista que afirma: “Juan se resistía, diciéndole: 'Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!'” (Mt 3,14) y la respuesta de Jesús: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo” (v.15). El sentido de la palabra “justicia” en el mundo bíblico es aceptar plenamente la voluntad de Dios. Jesús muestra su cercanía a la parte de su pueblo que, siguiendo al Bautista, reconoce como insuficiente el considerarse sencillamente hijos de Abraham, sino que quiere cumplir la voluntad de Dios, quiere comprometerse para que su propio comportamiento sea una respuesta fiel a la alianza ofrecida por Dios en Abraham.

Entrando entonces en el río Jordán, Jesús, sin pecado, hace visible su solidaridad con los que reconocen sus propios pecados, eligen arrepentirse y cambian de vida; hace comprensible que formar parte del pueblo de Dios quiere decir entrar en una óptica de novedad de vida, de vida según Dios. En este gesto, Jesús anticipa la cruz, da comienzo a su actividad tomando el lugar de los pecadores, asumiendo sobre sus hombros el peso de la culpa de la humanidad entera, cumpliendo la voluntad del Padre.

Recogiéndose en oración, Jesús muestra el íntimo vínculo con el Padre que está en los Cielos, experimenta su paternidad, asume la belleza exigente de su amor, y en el coloquio con el Padre recibe la confirmación de su misión. En las palabras que resuenan en el Cielo (cfr Lc 3,22), hay un anticipo del misterio pascual, de la cruz y de la resurrección. La voz divina le define como: “Mi Hijo, el amado”, recordando a Isaac, el amadísimo hijo que el padre Abraham estaba dispuesto a sacrificar, según la orden de Dios (cfr Gen 22,1-14). Jesús no es solo el Hijo de David, descendiente mesiánico real, o el Siervo en el que Dios se complace, sino que es el Hijo unigénito, el amado, igual que Isaac, que Dios Padre entrega para la salvación del mundo. En el momento en que, a través de la oración, Jesús vive en profundidad su filiación y la experiencia dela Paternidadde Dios (cfr Lc 3,22b), desciende el Espíritu Santo (cfr Lc 3,22a), que lo guía en su misión y que Él difundirá después de haber sido levantado en la cruz (cfr Jn 1,32-34; 7,37-39), para que ilumine la obra dela Iglesia. Enla oración, Jesús vive un ininterrumpido contacto con el Padre para realizar hasta el final el proyecto de amor para los hombres. Sobre el trasfondo de esta extraordinaria oración, está la entera existencia de Jesús vivida en una familia profundamente ligada con la tradición religiosa del pueblo de Israel. Lo demuestran las referencias que encontramos en los Evangelios: su circuncisión (cfr Lc 2,21) y la presentación en el templo (cfr Lc 2,22-24), así como la educación y la formación en Nazareth, enla Santa Casa(cfr Lc 2,39-40 y 2,51-52). Se trata de “casi treinta años” (Lc 3, 23), un largo tiempo de vida escondida, aunque con experiencias de participación en momentos de expresión religiosa comunitaria, como las peregrinaciones a Jerusalén (cfr Lc 2,41). Narrándonos el episodio de Jesús que, a los doce años de edad, va al templo y se sienta a enseñar a los maestros (cfr Lc 2,42-52), el evangelista Lucas deja entrever que Jesús, quien reza después del bautismo del Jordán, tiene una larga costumbre de oración íntima con Dios Padre, radicada en las tradiciones, en el estilo de vida de su familia, en las experiencias decisivas vividas en ella. La repuesta del niño de doce años a José y a María indica ya esta filiación divina, que la voz celestial manifiesta después del bautismo: “¿Por qué me buscábais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc 2,49).

Al salir de las aguas del Jordán, Jesús no inaugura su oración, sino que continúa su relación contante, habitual con el Padre; y, en esta unión íntima con Él, da el paso de su vida escondida de Nazaret a su ministerio público. La enseñanza de Jesús sobre la oración viene, seguramente, de su forma de rezar adquirida en familia, pero que tiene su origen profundo y esencial en el hecho de ser el Hijo de Dios, en su relación única con Dios Padre.

El Compendio del Catecismo dela Iglesia Católica--respondiendo a la pregunta: ¿de quién aprendió Jesús a rezar?, dice- “Jesús, según su corazón de hombre, aprendió a rezar de su Madre y de la tradición hebrea. Pero su oración surge de una fuente más secreta, ya que es el Hijo eterno de Dios que, en su santa humanidad, dirige a su Padre la oración filial perfecta” (541). En la narración evangélica, las ambientaciones de la oración de Jesús se colocan siempre en la encrucijada entre la inserción en la tradición de su pueblo, y la novedad de una relación personal y única con Dios. “El lugar desierto” (cfr Mc 1,35; Lc 5,16) al que a menudo se retira, “el monte” donde sube a rezar (cfr Lc 6,12; 9,28), “la noche” que le permite la soledad (cfr Mc 1,35; 6,46-47; Lc 6,12), recuerdan momentos del camino de la revelación de Dios en el Antiguo Testamento, indicando así la continuidad de su proyecto salvífico. Al mismo tiempo, marcan momentos de particular importancia para Jesús, que conscientemente acepta este plan, plenamente fiel a la voluntad del Padre. También en nuestra oración debemos aprender, cada vez más, a entrar en la historia de salvación donde Jesús es el culmen, renovar ante Dios nuestra decisión personal de abrirnos a su voluntad, pedirle a Él la fuerza de conformar nuestra voluntad a la suya, en toda nuestra vida, en obediencia a su proyecto de amor para nosotros. La oración de Jesús toca todas las fases de su ministerio y todas sus jornadas. Las fatigas no la bloquean.

Los Evangelios, incluso, dejan traslucir, una costumbre de Jesús de pasar en oración parte de la noche. El evangelista Marcos relata una de estas noches, después de la pesada jornada de la multiplicación de los panes, y escribe: “En seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran a la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra” (Mc 6,45-47). Cuando las decisiones se convierten en algo urgente y complejo, su oración se hace cada vez más larga e intensa. En la inminente elección de los Doce Apóstoles, por ejemplo, Lucas destaca la duración de la oración preparatoria de Jesús: “En esos días, Jesús se retiró a una montaña para orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de Apóstoles” (Lc 6,12-13).

Observando la oración de Jesús, deben surgirnos diversas preguntas: ¿Cómo rezo yo?¿Cómo rezamos nosotros?¿Qué tiempo dedicamos a la relación con Dios? ¿Es suficiente la educación y formación a la oración actualmente? ¿Quién nos puede enseñar?

En la exhortación apostólica Verbum Domini, hablé de la importancia de la lectura orante de las Sagradas Escrituras. Recogiendo todos los aspectos que surgieron enla Asambleadel Sínodo de los Obispos, destaqué particularmente la forma específica de la lectio divina. Escuchar, meditar, callar ante el Señor que habla, es un arte que se aprende practicándolo con constancia. Ciertamente, la oración es un don que exige, sin embargo, el ser acogido; es una obra de Dios, pero que exige compromiso y continuidad por nuestra parte, sobre todo la continuidad y la constancia son importantes. Justo la experiencia ejemplar de Jesús muestra que su oración, animada por la paternidad de Dios y por la comunión del Espíritu, se profundiza en un prolongado y fiel servicio, hasta el Huerto de los Olivos yla Cruz.

Hoy los cristianos estamos llamados a ser testigos de la oración, porque nuestro mundo está a menudo cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva el encuentro con Dios. Que en la amistad profunda con Jesús y viviendo en Él y con Él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podamos abrir las ventanas hacia el Cielo de Dios. Incluso en el recorrido del camino de la oración, sin consideraciones humanas, que podamos ayudar a otros a recorrerlo: también para la oración cristiana es verdad que, caminando, se abren caminos. Queridos hermanos y hermanas, eduquémonos en una relación intensa con Dios, en una oración que no sea intermitente, sino constante, llena de confianza, capaz de iluminar nuestra vida, como nos enseña Jesús. Y pidámosle que podamos comunicar a las personas que están cerca de nosotros, a los que nos encontramos por las calles, la alegría del encuentro con el Señor, luz de nuestra existencia. Gracias.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]