Pagina de Actualizaciòn

viernes, 29 de abril de 2011

¡Remar mar adentro!


Al abrirse el nuevo milenio el Papa Juan Pablo II ha querido, haciéndose eco de las palabras del Señor Jesús, lanzar un clamor esperanzado de exigente aliento y visión al futuro: «Duc in altum!», «Remar mar adentro». Las palabras que el Sucesor de Pedro ha recogido como lema de este tiempo de graves retos son una enérgica invitación a proyectarse hacia el futuro, con una acción fundada en la fe, a mirar el horizonte evangelizador que se abre al Pueblo de Dios, haciendo frente a los desafíos de los nuevos tiempos: «Sobre todo, queridos hermanos y hermanas -nos ha recordado el Santo Padre-, es necesario pensar en el futuro que nos espera» (1). «Ahora tenemos que mirar hacia adelante, debemos "remar mar adentro", confiando en la palabra de Cristo: Duc in altum!». Son las palabras mismas del Señor Jesús las que nos empujan «a emplear en iniciativas concretas el entusiasmo experimentado» (2) durante el Jubileo, llevándolo a la obra apostólica.

Desde la centralidad del Señor Jesús

La apertura a los retos futuros, el ponerse con energía manos a la obra, parte de un fundamento sólido, que constituye la herencia fundamental del Gran Jubileo del 2000 y que ha de sostener el trabajo de la Iglesia en los nuevos tiempos: el encuentro con el Señor Jesús, que ha sido el corazón de la experiencia jubilar. Ese encuentro reiterado y gozoso con Jesucristo es el "núcleo esencial" (3) de la herencia del Jubileo y el único fundamento capaz de sostener y alentar la renovación de la pastoral de la Iglesia de cara a los nuevos retos, así como todo el horizonte de la nueva evangelización. Quien nos impulsa no es "una fórmula", sino «una Persona y la certeza que ella nos infunde:¡Yo estoy con vosotros!». En realidad, todo el programa de la Iglesia, que es «el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva» se centra en «Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste» (4).


martes, 19 de abril de 2011

Comayagua lucirá sus hermosos templos coloniales

En la ex capital la Semana Santa es dedicada a fortalecer la fe y a consolidar las tradiciones heredadas de generación en generación


COMAYAGUA,

HONDURAS

Las joyas arquitectónicas que posee Comayagua son incomparables. En cada iglesia colonial hay una historia única.

Los templos con los que cuenta este lugar son un atractivo por su construcción en el periodo colonial.

La catedral de Comayagua, La Merced, La Caridad, la iglesia de San Francisco y San Sebastián son estructuras antiguas apreciadas por sus habitantes y turistas nacionales e internacionales.

Aunque cuentan con una belleza exquisita, en la Semana Santa las iglesias son decoradas de una forma especial como parte de la espiritualidad religiosa de sus habitantes, quienes han logrado conservar su fe y tradiciones.

La más antigua

Detrás de la construcción de sus iglesias coloniales hay peculiaridades que caracterizan a cada una.

En el caso de La Merced, fue edificada en 1550 y once años después fue elevada a la categoría de catedral constituyéndose en una de las primeras de América.

La historia de este templo revela que fue la primera inicialmente llamada Iglesia de la Inmaculada Concepción. Esta es la más antigua de las cinco que hay en el centro histórico de Comayagua.

La iglesia de la Caridad, construida en 1560, se caracterizó por tener la única capilla para mulatos, pardos e indios.

Esta iglesia permanece abierta los fines de semana y a pesar del paso de los años se encuentra en buen estado y conserva su estructura.

Otro de los templos es San Francisco, que sólo abre en Semana Santa. Esta iglesia es única porque cuenta con la campana más antigua de América. En ella se puede leer “Campana la Antoniana, fundida en Alcalá de Enares en el año de 1460”. También posee hermosas imágenes como la del Nazareno.

Otra joya arquitectónica rica en historia es la iglesia San Sebastián. Ahí se encuentra la tumba del general José Trinidad Cabañas, expresidente de Honduras.

Comayagua tiene además la catedral, cuyo reloj está considerado como uno de los más antiguos de América.

Actividad cultural-religiosa

Debido a sus forma de vivir la Semana Santa, Comayagua es uno de los sitios más visitados por los turistas durante esta época.
Aquí se abre una puerta al pasado, se revive la fe y se mantienen las tradiciones.

Las actividades religiosas comenzaron el Domingo de Ramos. Desde las siete de la mañana, como cada año, empezó la bendición de las palmas en la iglesia La Caridad.

A partir de ahí y durante toda la semana se desarrolla un calendario lleno de actividades religiosas que caracterizan a Comayagua. Mirian Zapata, directora del museo y representante regional de Antropología, dijo que “para el Viernes Santo esperamos más de 50,000 personas durante las festividades religiosas”.

Añadió que durante toda la semana los comayagüenses se focalizan en recordar el sacrificio que hizo Jesús por la humanidad, y por ello, estos días se viven con mucho fervor.

Zapata agregó que a las nueve de la noche del Jueves Santos en el atrio de la catedral un grupo teatral representa la pasión de Jesús y se hace una secuencia cronológica. “Todos los días hay procesiones majestuosas”.

Atractivo turístico

El alcalde Carlos Miranda indicó que la Semana Santa es de suma importancia en este lugar.

“Comayagua se convierte en una de las ciudades con mayor atractivo cultural religioso en la región. Se viven manifestaciones de fe, cultura y tradiciones del cristianismo”, expresó el funcionario.

Y debido a esa importancia es que año con año se preparan para ofrecer una mejor atención a los visitantes y vecinos.

Miranda agregó que la afluencia de turistas cada año sube y que han llegado a atender de quince mil a veinte mil visitantes durante la semana. “Creemos que este año aumentará la afluencia y esto le deja un beneficio económico a la población debido a la presencia de visitantes”, agregó.

Anunció que en Comayagua ya no hay una sola habitación, “todo está reservado, hay entre 15 a 20 hoteles con 600 habitaciones que ya fueron reservadas”. Comayagua es uno de los centros turísticos más importantes de Honduras, por ser una ciudad tipo colonial, gracias al apoyo de la Cooperación Cultural Española en Honduras y al Instituto Hondureño de Antropología e Historia que han asumido como un compromiso mantener el casco histórico de la ciudad.

Los vecinos de Comayagua invitan a la población a no quedarse con el deseo de conocer este lugar y vivir la experiencia.

“La fe que tenemos es seguir al Señor, buscarlo a él de corazón, eso es lo que nos motiva en Semana Santa y siempre”, expresó Teresa de Jesús, quien acude a la iglesia de San Sebastián.

Recordó que fueron sus abuelos los que se encargaron de inculcurlas las enseñanzas religiosas a sus padres y ellos se la transmitieron a sus hijos

“Vivir en Jesús es el mejor mensaje que puedo darles”, reflexionó.

Copilado de diario La Prensa, San Pedro Sula

viernes, 8 de abril de 2011

PIEDAD POPULAR Y EVANGELIZACION EN AMERICA LATINA

CIUDAD DEL VATICANO, 8 ABR 2011 (VIS).-Benedicto XVI recibió esta mañana en el Vaticano a los participantes en la Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, dedicada al tema: "Incidencia de la piedad popular en el proceso de evangelización de América Latina".

El Papa afirmó que los obispos reunidos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en 2007 en Aparecida (Brasil), "presentan la piedad popular como un espacio de encuentro con Jesucristo y una forma de expresar la fe de la Iglesia. Por tanto, no puede ser considerada como algo secundario de la vida cristiana", y agregó que "la profunda religiosidad popular que caracteriza la vivencia de fe de los pueblos latinoamericanos (...) constituye "el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina, que ella debe proteger, promover y, en lo que fuera necesario, también purificar".

Para llevar a cabo la nueva evangelización en Latinoamérica, prosiguió, "no se pueden dejar de lado las múltiples demostraciones de la piedad popular. Todas ellas, bien encauzadas y debidamente acompañadas, propician un fructífero encuentro con Dios, una intensa veneración del Santísimo Sacramento, una entrañable devoción a la Virgen María , un cultivo del afecto al Sucesor de Pedro y una toma de conciencia de pertenencia a la Iglesia. (...) Por consiguiente, la fe tiene que ser la fuente principal de la piedad popular, para que ésta no se reduzca a una simple expresión cultural de una determinada región. Más aún, tiene que estar en estrecha relación con la sagrada Liturgia , la cual no puede ser sustituida por ninguna otra expresión religiosa".

"No se puede negar, sin embargo -observó-, que existen ciertas formas desviadas de religiosidad popular que, lejos de fomentar una participación activa en la Iglesia, crean más bien confusión y pueden favorecer una práctica religiosa meramente exterior y desvinculada de una fe bien arraigada e interiormente viva. (...) Sin embargo, excluirla es completamente erróneo. A través de ella, la fe ha entrado en el corazón de los hombres, formando parte de sus sentimientos, costumbres, sentir y vivir común. (...) Ciertamente, la piedad popular tiene siempre que purificarse y apuntar al centro, pero merece todo nuestro aprecio, y hace que nosotros mismos nos integremos plenamente en el "Pueblo de Dios".

El Santo Padre concluyó agradeciendo a los obispos los "valiosos aportes encaminados a proteger, promover y purificar todo lo relacionado con las expresiones de la religiosidad popular en América Latina", y subrayó que para alcanzar este objetivo, será de gran valor continuar impulsando la Misión continental, "con la que el episcopado latinoamericano ha querido relanzar el proceso de nueva evangelización después de Aparecida" y en la cual "ha de tener particular espacio todo lo que se refiere a este ámbito pastoral, que constituye una manera privilegiada para que la fe sea acogida en el corazón del pueblo, toque los sentimientos más profundos de las personas y se manifieste vigorosa y operante por medio de la caridad divina".


AC/ VIS 20110408 (500)

martes, 5 de abril de 2011

“En Roma está todo listo para la beatificación y aún hay sitio”.

Todo lo que hay que saber sobre la organización del evento

CIUDAD DEL VATICANO, abril de 2011 (ZENIT.org).- En Roma está todo listo y aún queda sitio para los peregrinos que quieran venir a la ceremonia de la beatificación de Juan Pablo II. Hay sitio no solamente en hoteles pero también en institutos religiosos.

Además para los jóvenes habrá un campo con carpas instalado en las inmediaciones del aeropuerto de Fiumicino y una serie de servicios que ayudarán a los peregrinos.

La información fue dada hoy en Roma en la Sala de Prensa del Vaticano, en la que intervinieron el cardenal Agostino Vallini, vicario general de su santidad para la diócesis de Roma; el padre Federico Lombardi, SJ. Director de la Radio Vaticana y de la Sala de Prensa de la Santa Sede; el padre Cesare Atuire, gerente de la Obra Romana de Peregrinaciones; Mons. Marco Frisina, director de la Oficina de Liturgia del Vicariato de Roma y el padre Walter Insero, encargado de la Oficina de Comunicación del Vicariato de Roma.

Aunque la conferencia era principalmente sobre aspectos prácticos, el cardenal Vallini quiso recordar la dimensión espiritual del evento. “Los santos son el evangelio encarnado – dijo – como Juan Pablo II que lo ha demostrado habiendo centrado su fe en Dios”. Y anadió: “El ha hablado incluso con su silencio y nos enseño incluso a morir y a vivir en un momento en el cual aquí se discute sobre la eutanasia”.

Tres celebraciones

El sábado 30 de abril es la vigilia de oración en el Circo Máximo, “que tendrá un tono muy universal pero también muy romano y a la cual todos pueden participar” explico el purpurado.

Al inicio del evento será entronizada la imagen de María Salus Populi Romani, acompañada por representantes de todas las parroquias y capellanías diocesanas”.

En esta vigilia – precisó su eminencia- participarán testimonios como el cardenal Estanislao Dziwisz, secretario privado del pontífice por 27 años; el ex portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls y la monja Marie Simon Pierre, que obtuvo la curación milagrosa del parkinson usada en la causa de beatificación del Juan Pablo II.

Después le seguirán algunas filmaciones breves sobre este papa sobre diversos momentos significativos de su pontificado. Al término será cantado el “Totus tuus” compuesto para los 50 de la ordenación del difunto pontífice.

En la segunda parte el cardenal Vallini presentará en síntesis la personalidad espiritual y pastoral de Beato, se rezarán los misterios luminosos de santo rosario introducidos justamente por Juan Pablo II, en videoconexión simultánea con cinco santuarios marianos.

Serán el santuario de Łagniewniki (Cracovia), que presentará como intención de la oración a los jóvenes; el santuario de Kawekamo - Bugando (Tanzania), que presentará como intención a la familia; el Santuario de Notre Dame du Lebanon - Harissa en Líbano, que presentará como intención la evangelización; la Basílica de Santa María de Guadalupe (Ciudad del México), que orará por la esperanza y la paz de los pueblos; y el santuario de Fátima, que propondrá como intención la Iglesia.

“En la parte final – ha indicado el cardenal Vallini – tendremos la alegría de contar con la presencia del Santo Padre que en conexión desde el Palacio Apostólico rezará la oración final y nos impartirá la bendición apostólica a todos los participantes”.

Monseñor Frisina añadió que “esa noche estarán abiertas ocho iglesias del centro histórico en el trayecto que va desde el Circo Máximo hasta San Pedro, en una noche blanca de las iglesias”.

Misa de beatificación

El domingo de octava de pascua o de la Divina Misericordia a las 10 de la mañana en la Plaza de San Pedro se celebrará la liturgia. Entretanto una hora antes, desde las 9 se realizará una hora de oración con la corona de la Divina Misericordia, devoción introducida por Santa Faustina Kowalska” indicó el cardenal. “Allí será cuando el papa pronunciará la formula de beatificación y se descubrirá la imagen del nuevo beato”.

La comunión será distribuida en la plaza de San Pedro por 500 sacerdotes y otros 300 lo harán en la vía de la Conciliación.

Y en las iglesias conectadas con pantallas en las que se sigue la misa será posible hacer la comunión en dicho momento. En via de la Conciliación y en las zonas adyacentes serán instalados 14 pantallas gigantes.

El himno que será entonado inicia con las palabras “Abrid las puertas a Cristo, no tengáis miedo” se encuentra en la web www.corodiroma.com

Después de la misa se abrirá la basílica de San Pedro, allí en el altar de la confesión estará el cuerpo de Juan Pablo II dentro del ataúd cerrado, que será venerado primero por el papa y los cardenales. En seguida se abrirá al flujo de los fieles y peregrinos y se quedará abierta hasta cuando los haya.

El tercer evento es el lunes 2 de mayo. Alas 10,30 inicia la misa de acción de gracias presidida por el cardenal secretario de estado, Tarcisio Bertone. Será la primera misa celebrada en honor del nuevo beato.

La financiación

El cardenal Vallini quiso recordar que el erario público no deberá pagar el evento. “Queremos respetar el momento difícil que viven las familias italianas. Nos informan las parroquias y la Cáritas que los ciudadanos están en dificultad, por lo tanto no hemos querido pesar el gasto público”. Y añadió: “El financiamiento será con la ayuda de instituciones, banco, etc. y con un esfuerzo por parte nuestra”.

Respondiendo a una pregunta, el padre Atuire indicó que “ha sido creado un comité de ética para decidir sobre las donaciones que se van a recibir” si bien “hoy es difícil encontrar una empresa sobre cuyo comportamiento ético todos estén de acuerdo”.

El prelado recordó que en la web del evento las informaciones están en cinco idiomas y reafirmó que “el JPII pass no es un billete de ingreso a las celebraciones. En cambio son una serie de servicios, como el acceso gratuito al transporte público, visitas, lugares Pack lunch, otras informaciones y gadgets.

Recordó que habrá trenes especiales y vuelos charter, y barcos en el puerto de Civitavecchia, algunos con posibilidad de pernoctar en el mismo barco. Existe además un acuerdo con la región en la que se encuentra la capital.

Sobre el aumento de los precios de los hoteles, Altuire indicó que la federación Federalberghi y casi la totalidad de las estructuras que pertenecen al ente han firmado una carta ética relativa al evento.

“Aún hay sitio disponible en Roma, mismo en institutos de religiosas. Además la Región Lacio dispuso un campo con carpas en la zona de Fiumicino, para los jóvenes” dijo.

Donde informarse

Una parte de la ciudad estará bloqueada por lo tanto serán importantes los estacionamientos para los autobuses y autos. Y en los peajes de entrada en Roma estarán grupos de voluntarios que darán indicaciones.

Quien se inscribe en el sito web antes de partir puede recibir indicaciones sobre dónde ir. Habrá también un permiso G para entrar en algunas zonas de Roma al precio de 24 euros.

Y en la web oficial: http://www.jpiibeatus.org aparecen todas las informaciones y allí se puede comprar el Special JPII Pass que permite entre otras cosas el transporte gratuito.

El padre Lombardi añadió que “el canal 105 de la Radio Vaticano dará informaciones cada 15 minutos en diversos idiomas”.

Otro desafío del evento – indicó Don Wanter Insero – es la de contarle a los jovencitos quien fue Juan Pablo II y serán los jóvenes a hacerlo. Para ello fue presentada la iniciativa “Sentinelas Digitales” que se refiere al uso de las redes sociales.

“Hemos querido – añadió – recoger este desafío entusiasmante y de lanzar un nuevo proyecto, justamente durante la beatificación de Juan Pablo II, usando el conocido portal Pope2you del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales que por su tipología está destinado a los jóvenes.

El Pope2you está conectado con twitter, facebook, a la Radio Vaticano con videos de CTV, con imágenes y discursos de Juán Pablo II y con la posibilidad de enviar postales digitales con frases de Juan Pablo II.

Además habrá diversas exposiciones, y el Museo Vaticano estará abierto hasta media noche.


domingo, 3 de abril de 2011

BENEDICTO XVI AUDIENCIA GENERAL


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Plaza de San Pedro
Miércoles 30 de marzo de 2011


San Alfonso María de Ligorio

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quiero presentaros la figura de un santo doctor de la Iglesia al que debemos mucho, porque fue un insigne teólogo moralista y un maestro de vida espiritual para todos, sobre todo para la gente sencilla. Es el autor de la letra y de la música de uno de los villancicos más populares en Italia y no sólo en Italia: Tu scendi dalle stelle.

Alfonso María de Ligorio nació en 1696 en el seno de una familia napolitana noble y rica. Dotado de notables cualidades intelectuales, con tan sólo 16 años obtuvo el doctorado en derecho civil y canónico. Era el abogado más brillante del foro de Nápoles: durante ocho años ganó todas las causas que defendió. Sin embargo, en su alma sedienta de Dios y deseosa de perfección el Señor lo llevó a comprender que lo llamaba a una vocación muy diferente. De hecho, en 1723, indignado por la corrupción y la injusticia que viciaban el ambiente del foro, abandonó su profesión —y con ella la riqueza y el éxito— y decidió hacerse sacerdote, a pesar de la oposición de su padre. Tuvo excelentes maestros, que lo introdujeron en el estudio de la Sagrada Escritura, de la historia de la Iglesia y de la mística. Adquirió una amplia cultura teológica, que comenzó a dar fruto cuando, algunos años después, emprendió su obra de escritor. Fue ordenado sacerdote en 1726 y se unió, para el ejercicio de su ministerio, a la Congregación diocesana de las Misiones Apostólicas. Alfonso inició una labor de evangelización y catequesis entre los estratos más bajos de la sociedad napolitana, a la que le gustaba predicar y a la que instruía en las verdades fundamentales de la fe. No pocas de estas personas, pobres y modestas, a las que se dirigía, a menudo se entregaban a los vicios y realizaban acciones criminales. Con paciencia les enseñaba a rezar, animándolas a mejorar su modo de vivir. Alfonso obtuvo resultados excelentes: en los barrios más miserables de la ciudad se multiplicaban los grupos de personas que, al caer la tarde, se reunían en las casas privadas y en los talleres, para rezar y meditar la Palabra de Dios, bajo la guía de algunos catequistas formados por Alfonso y por otros sacerdotes, que visitaban regularmente a estos grupos de fieles. Cuando, por deseo expreso del arzobispo de Nápoles, estas reuniones comenzaron a celebrarse en las capillas de la ciudad, tomaron el nombre de «capillas vespertinas». Estas capillas fueron una auténtica fuente de educación moral, de saneamiento social y de ayuda recíproca entre los pobres, con lo cual casi se acabaron los robos, los duelos y la prostitución.

Aunque el contexto social y religioso de la época de san Alfonso era muy distinto del nuestro, las «capillas vespertinas» son un modelo de acción misionera en el que nos podemos inspirar también hoy para una «nueva evangelización», especialmente de los más pobres, y para construir una convivencia humana más justa, fraterna y solidaria. A los sacerdotes se les ha confiado una tarea de ministerio espiritual, mientras que laicos bien formados pueden ser animadores cristianos eficaces, auténtica levadura evangélica en el seno de la sociedad.

Después de pensar en ir a evangelizar a los pueblos paganos, Alfonso, a la edad de 35 años, entró en contacto con los campesinos y los pastores de las regiones interiores del reino de Nápoles y, sorprendido por su ignorancia religiosa y por el estado de abandono en que se hallaban, decidió dejar la capital y dedicarse a estas personas, que eran pobres espiritual y materialmente. En 1732 fundó la Congregación religiosa del Santísimo Redentor, que puso bajo la protección del obispo Tommaso Falcoia, y de la que sucesivamente se convirtió en el superior. Estos religiosos, dirigidos por Alfonso, fueron auténticos misioneros itinerantes, que llegaban incluso a las aldeas más remotas, exhortando a la conversión y a la perseverancia en la vida cristiana sobre todo por medio de la oración. Todavía hoy, los redentoristas, esparcidos por numerosos países del mundo, con nuevas formas de apostolado, continúan esta misión de evangelización. Pienso en ellos con gratitud, exhortándolos a ser siempre fieles al ejemplo de su santo fundador.

Estimado por su bondad y por su celo pastoral, en 1762 Alfonso fue nombrado obispo de Sant’Agata dei Goti, ministerio que, por concesión del Papa Pío VI, abandonó en 1775 a causa de las enfermedades que sufría. El mismo Pontífice, en 1787, al recibir la noticia de su muerte, que se produjo en medio de muchos sufrimientos, exclamó: «¡Era un santo!». Y no se equivocó: Alfonso fue canonizado en 1839, y en 1871 fue declarado doctor de la Iglesia. Este título es muy apropiado por muchas razones. Ante todo, porque propuso una rica enseñanza de teología moral, que expresa adecuadamente la doctrina católica, hasta el punto de que fue proclamado por el Papa Pío XII «patrono de todos los confesores y los moralistas». En su época se había difundido una interpretación muy rigorista de la vida moral, entre otras razones por la mentalidad jansenista que, en vez de alimentar la confianza y esperanza en la misericordia de Dios, fomentaba el miedo y presentaba un rostro de Dios adusto y severo, muy lejano del que nos reveló Jesús. San Alfonso, sobre todo en su obra principal, titulada Teología moral, propone una síntesis equilibrada y convincente entre las exigencias de la ley de Dios, esculpida en nuestros corazones, revelada plenamente por Cristo e interpretada con autoridad por la Iglesia, y los dinamismos de la conciencia y de la libertad del hombre, que precisamente en la adhesión a la verdad y al bien permiten la maduración y la realización de la persona. A los pastores de almas y a los confesores Alfonso recomendaba ser fieles a la doctrina moral católica, asumiendo al mismo tiempo una actitud caritativa, comprensiva, dulce, para que los penitentes se sintieran acompañados, sostenidos y animados en su camino de fe y de vida cristiana. San Alfonso nunca se cansaba de repetir que los sacerdotes son un signo visible de la infinita misericordia de Dios, que perdona e ilumina la mente y el corazón del pecador para que se convierta y cambie de vida. En nuestra época, en la que son claros los signos de pérdida de la conciencia moral y —es preciso reconocerlo— de cierta falta de estima hacia el sacramento de la Confesión, la enseñanza de san Alfonso sigue siendo de gran actualidad.

Junto a las obras de teología, san Alfonso compuso muchos otros escritos, destinados a la formación religiosa del pueblo. El estilo es sencillo y agradable. Las obras de san Alfonso, leídas y traducidas a numerosas lenguas, han contribuido a plasmar la espiritualidad popular de los últimos dos siglos. Algunas de ellas son textos que se leen con gran provecho también hoy, como Las máximas eternas, Las glorias de María, La práctica de amar a Jesucristo, obra —esta última— que representa la síntesis de su pensamiento y su obra maestra. Insiste mucho en la necesidad de la oración, que permite abrirse a la Gracia divina para cumplir diariamente la voluntad de Dios y conseguir la propia santificación. Con respecto a la oración escribe: «Dios no niega a nadie la gracia de la oración, con la que se obtiene la ayuda para vencer toda concupiscencia y toda tentación. Y digo, replico y replicaré siempre, mientras viva, que toda nuestra salvación está en el rezar». De aquí su famoso axioma: «Quien reza se salva» (Del gran mezzo della preghiera e opusculi affini. Opere Ascetiche II, Roma 1962, p. 171). Me viene a la mente, a este propósito, la exhortación de mi predecesor, el venerable siervo de Dios Juan Pablo II: «Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas “escuelas de oración”... Hace falta, por tanto, que enseñar a orar se convierta de alguna manera en un punto determinante de toda programación pastoral» (Novo millennio ineunte, 33 y 34).

Entre las formas de oración aconsejadas encarecidamente por san Alfonso destaca la visita al Santísimo Sacramento o, como diríamos hoy, la adoración, breve o prolongada, personal o comunitaria, ante la Eucaristía. «Ciertamente —escribe Alfonso— entre todas las devociones esta de adorar a Jesús sacramentado es la primera después de los sacramentos, la más querida por Dios y la más útil para nosotros... ¡Oh, qué gran delicia estar ante un altar con fe... y presentarle nuestras necesidades, como hace un amigo a otro con el que se tiene total confianza!» (Visitas al Santísimo Sacramento y a María santísima para cada día del mes.Introducción). La espiritualidad alfonsiana es, de hecho, eminentemente cristológica, centrada en Cristo y en su Evangelio. La meditación del misterio de la Encarnación y de la Pasión del Señor son frecuentemente objeto de su predicación, pues en estos acontecimientos se ofrece «abundantemente» la Redención a todos los hombres. Y precisamente porque es cristológica, la piedad alfonsiana es también exquisitamente mariana. Muy devoto de María, Alfonso ilustra su papel en la historia de la salvación: asociada a la Redención y Mediadora de gracia, Madre, Abogada y Reina. Además, san Alfonso afirma que la devoción a María nos confortará grandemente en el momento de nuestra muerte. Estaba convencido de que la meditación sobre nuestro destino eterno, sobre nuestra llamada a participar para siempre en la felicidad de Dios, así como sobre la trágica posibilidad de la condenación, contribuye a vivir con serenidad y compromiso, y a afrontar la realidad de la muerte conservando siempre la confianza en la bondad de Dios.

San Alfonso María de Ligorio es un ejemplo de pastor celoso, que conquistó las almas predicando el Evangelio y administrando los sacramentos, combinado con un modo de actuar basado en una bondad humilde y suave, que nacía de la intensa relación con Dios, que es la Bondad infinita. Tuvo una visión optimista, pero realista, de los recursos de bien que el Señor da a cada hombre y concedió importancia a los afectos y a los sentimientos del corazón, además de la mente, para poder amar a Dios y al prójimo.

En conclusión, quiero recordar que nuestro santo, análogamente a san Francisco de Sales —del que hablé hace algunas semanas— insiste en decir que la santidad es accesible a todos los cristianos: «El religioso como religioso, el seglar como seglar, el sacerdote como sacerdote, el casado como casado, el comerciante como comerciante, el soldado como soldado, y así sucesivamente en todos los estados» (Pratica di amare Gesù Cristo. Opere ascetiche I, Roma 1933, p. 79). Demos gracias al Señor porque, con su Providencia, suscita santos y doctores en lugares y tiempos diversos, que hablan el mismo lenguaje para invitarnos a crecer en la fe y a vivir con amor y con alegría nuestra vida cristiana en las sencillas acciones de cada día, para caminar por la senda de la santidad, por la senda que lleva a Dios y a la verdadera alegría. Gracias.