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domingo, 6 de febrero de 2011

Aquí me quedaré para siempre: Garachana

Tomado de la prensa versión digital

SAN PEDRO SULA,

HONDURAS


Como sucede en un adolescente cuando está llegando a su mayoría de edad, para monseñor Ángel Garachana las ilusiones de sus primeros año han sido reemplazadas por muchas preocupaciones debido al comportamiento de la sociedad que ha ido observando en sus 16 años de obispado en la diócesis de San Pedro Sula.

El pasado jueves 3 de febrero, el líder religioso fue agasajado como se ha vuelto una tradición por los feligreses sampedranos junto a la alborada de la Virgen de Suyapa en esta ciudad por arribar a un año más de misión.

Se sorprende por la forma en la que aspectos básicos de la sociedad, como los valores morales, se han ido perdiendo.

Garachana confiesa estar sumamente preocupado por la ola de violencia que impera en el país en general; pero expresa que sus últimos días de obispado y de su vida quiere pasarlos en esta ciudad.

¿Cómo se siente al arribar a 16 de obispado en San Pedro Sula?

Pues que parece mentira que hayan pasado tan rápido 16 años. Hay personas que me dicen: bueno monseñor, ya lleva como 10 o 14 años...no, son 16, les digo.
Ese tiempo en la vida de un obispo es bastante. Mirando hacia atrás recuerdo los comienzos donde era estar abierto a la novedad, a lo imprevisto, porque yo empezaba de obispo en San Pedro Sula.

Fue empezar con la confianza en Dios y que él era quien me había llamado. Ahora yo siento que tengo un conocimiento de la realidad de la diócesis, de la realidad social y del estado de la Iglesia en la costa norte. Mis preocupaciones ahora son más fuertes por la situación que estamos viviendo. Al comienzo estaba abierto a la novedad.

¿Qué le preocupa del estado en general de la sociedad y en esta ciudad?

Me preocupa el deterioro que yo experimento, hay un deterioro a mi parecer de la conciencia moral en cuanto a la sensibilidad a los valores morales y al valor supremo que es la persona.

Creo que se ha deteriorado gravemente la conciencia, solemos hablar de corrupción sobre todo de personas que tienen responsabilidades públicas; pero es que la corrupción ante todo es moral.

Éste es un grave problema, de allí brotan muchas consecuencias, la violencia, la injusticia social.

A partir de esta preocupación central es todo lo relacionado con las causas de la violencia en el país porque hay impunidad e indefensión.Eesto causa un deterioro en los responsables de la justicia, hay un deterioro de parte del Estado para garantizar la vida de los ciudadanos.

Yo quiero tener esperanzas, pero viendo al futuro no dejan de levantarse en mí grandes preocupaciones.

¿Cómo resume los 16 años de obispado?

En aquel tiempo cuando yo empecé mi episcopado visitando todas las comunidades yo proponía tres palabras símbolos a la gente y las repetíamos en voz alta levantando las manos: comunión, evangelización y justicia.

Avanzado ya 16 años, mis preocupaciones y la de la diócesis las hemos resumido en las siguientes prioridades: la preocupación, el interés y lucha mía por una iglesia de comunión, que visita las pequeñas comunidades, una Iglesia que no se instala, sino que se vuelve misionera y una Iglesia que se centra en la persona de Jesucristo, en el seguimiento y en la imitación de la vida de Jesucristo. Que se sienta enamorada. La preocupación por la vida digna y plena de la diócesis que lleva a una pastoral social intensa.

Estas prioridades han de estar impulsadas desde adentro por una espiritualidad y la organización.

¿Cuánto tiempo más en San Pedro Sula? ¿Usted determina su continuidad?

Primero lo determina Dios por los años de vida que me vaya a conceder. Segundo, lo determina la regla de la Iglesia que indica que todo obispo al cumplir los 75 años tiene que presentar su renuncia al Papa.

Me quedan siete y medio, ¿y dónde me van llevar a otro sitio mejor que éste? El Papa puede cambiarme de diócesis -teóricamente-, también puede cambiarme a mí. pero dónde voy a ir que pueda estar mejor que en San Pedro Sula.

¿Usted quiere terminar sus años de obispado acá?

Yo lo he dicho en repetidas veces en broma y en serio que abajo en la cripta junto a la sepultura, al nicho de monseñor Jaime está el mío para que allí me quede permanentemente.

Así que a los 75, si vivo, presento mi renuncia al Papa, una vez aceptada sigo siendo obispo, pero no tengo la responsabilidad de la diócesis; a partir de ese momento decido qué hacer con mi vida, si me voy a vivir a la Rivera Hernández...Ciertamente si Dios me da salud, en esas fechas no me voy a quedar instalado cómodamente, mi deseo de siempre es ir a trabajar a un lugar necesitado donde yo pueda ir a aportar de la presencia de Jesús.

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