
1.1 Una esperanza probada
Les escribo en el tiempo litúrgico del Adviento que nos prepara a la Navidad ya inminente y nos abre a horizontes de plenitud futura, recibida y trabajada día a día con esperanza. Pero el Adviento de este año en Honduras coincide con un tiempo humano marcado hondamente por la crisis y la prueba. Durante los últimos seis meses hemos creado y padecido una situación prolongada de conflicto socio-político que ha producido heridas, rupturas, divisiones y agresiones y muertes en el tejido social. Los acontecimientos políticos y la manera de interpretarlos, asimilarlos y accionar ante ellos también han afectado a nuestra comunidad católica. Y poco a poco la crisis prolongada ha hecho mella en la psicología de bastantes personas. Ha engendrado tensión y crispación, miedo y angustia, irritabilidad y desánimo.
En este contexto social, eclesial e individual, la esperanza del Adviento- Navidad llama a nuestra puerta con más insistencia. Personalmente siento que el Señor me invita a mantener viva la propia esperanza y alimentarla en quienes han sido confiados a mis cuidados (PG, 3). Cada uno de nosotros, según su vocación, edad y contexto social, tiene sus propias tentaciones. Y humildemente confieso que se levantan ante mí fuertes y sutiles tentaciones contra la esperanza. Quizá les suceda algo semejante a muchos de ustedes, que se sienten desanimados, cansados y hasta sin energía para trabajar y orar, sin confianza vigorosa en Dios, en los demás y en ustedes mismos como si una niebla baja penetrara hasta el alma. El virus de la decepción puede enfermar también a la esperanza, decepción por ilusiones y esfuerzos fracasados y por tantas promesas incumplidas. Añadamos la carga de problemas personales y familiares cotidianos, junto con los miedos y temores por la crisis económica con sus efectos de empobrecimiento y por la espiral de violencia que nos envuelve.
(Fragmento de la carta de Adviento 2009 de Mons. Ángel Garachana)
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