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viernes, 9 de octubre de 2009

COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

“Busquemos lo que contribuye a la paz y nos hace crecer juntos” (Rom. 14, 19)

1 – Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras, reunidos en Asamblea Ordinaria, nos sentimos muy unidos a todas las personas que, dentro y fuera de Honduras, tienen puesta su atención en el diálogo que se está llevando a cabo para buscar una salida constructiva a la crisis política que vive el país.

2 – Hemos experimentado en carne propia, en la Iglesia y en la sociedad, los sufrimientos, divisiones y violencia que esta prolongada crisis ha traído consigo. Hemos vivido la preocupación y el temor de que se buscase la solución
por caminos de violencia.

3 – Manifestamos nuestro apoyo al diálogo reiniciado el día 7 del presente mes. En todo momento hemos abogado por esta pedagogía del diálogo sincero, que busca diligentemente la solución mejor para todos en la caridad y en la verdad.

4 – Pedimos a los directamente implicados en el diálogo y a quienes ellos representan que “superando las tendencias particularistas cada uno se esfuerce en buscar la verdad y perseguir con tenacidad el bien común” (Palabras del Papa Benedicto XVI sobre la situación de Honduras en el Angelus del domingo 12 de julio de 2009).

5 – No podemos continuar en la incertidumbre, la tensión personal y social y en el deterioro económico. Es urgente una solución justa, pacífica y acordada que “asegure la convivencia pacífica y una auténtica vida democrática” (Palabras del Papa Benedicto XVI).

6 – La presencia de los miembros de la OEA, de la Comunidad Europea y de la prensa nacional e internacional, es un signo del interés que existe en que este diálogo lleve a buen puerto la nave del país. El pueblo de Honduras tiene puestas muchas esperanzas en este diálogo nacional, las cuales no pueden quedar frustradas pues nos llevaría a una decepción grande y a una creciente tensión personal y social.

7 – En este clima de diálogo que debe ser respetuoso y comprensivo cualquier forma de violencia, de palabra o de obra, sería perjudicial y atentaría contra las actitudes que lo favorecen, y llevaría a la perdida de credibilidad de quien la provoque.

8 – Creemos que el diálogo establecido no se reduce a una técnica de solución de conflictos sino que tiene una dimensión ética, pues su ejercicio implica actitudes morales y está al servicio de lo que es bueno, justo y verdadero para nuestro pueblo. En consecuencia, los que se sientan a “la mesa del diálogo” tienen una grave responsabilidad ante Dios y ante la sociedad, que no deben olvidar ni subestimar.

9 – Somos conscientes de que un acuerdo político no es la solución total a los graves problemas que aquejan a Honduras, pero por lo menos situaría al país en las condiciones institucionales aptas para afrontarlos, en el marco de un plan conjunto, con la participación de todos según el criterio de subsidiariedad y con un nuevo estilo de gestión política que “ponga el bien común como el principal imperativo para la construcción de nuestra sociedad” (Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal de Honduras, “Por los caminos de la esperanza” nº 15, marzo 2006).

10 – Estamos orando con insistencia y confianza para que Dios nos conceda a todos, y en especial a los responsables de este diálogo, sabiduría, capacidad de escucha, sensibilidad social y espíritu de discernimiento. Sabemos que muchas otras personas están orando por esta intención. Invitamos a los fieles católicos y a todos los creyentes a intensificar esta oración para que Dios nos conceda tiempos de convivencia pacífica, justicia social y desarrollo solidario.

Tegucigalpa, 8 de Octubre de 2009.



martes, 6 de octubre de 2009


El sacerdote y la celebración frecuente de la Misa

Por Pedro María Reyes Vizcaíno

El sacerdote es, ante todo, servidor de Dios y del pueblo cristiano. El sacerdote es mediador entre Dios y los hombres. Su función primordial es presentar ante Dios las necesidades y los ofrecimientos de sus hermanos los hombres, y llevar la gracia de Dios ante los hombres. Está colocado entre Dios y los hombres para servir de mediador. En este sentido, solo Jesucristo es perfecto Mediador, y solo Él tiene el perfecto sacerdocio. Los sacerdotes participan del sacerdocio de Cristo. El Señor es perfecto Mediador porque Él es verdadero Dios y verdadero Hombre: en la Cruz consumó su sacrificio de una vez para siempre, y los sacerdotes lo renuevan en la Santa Misa, haciendo que los hombres reciban de un modo más eficaz la gracia del sacramento. Cada vez que el sacerdote celebra la Misa, hace presente entre los hombres el sacrificio del Señor en la Cruz y obtiene méritos y gracias por la Iglesia y la humanidad entera. Ello es independiente de que haya pueblo asistiendo a la Misa.

Por lo tanto, se puede decir que el mayor beneficio que un sacerdote puede hacer por los hombres es la celebración frecuente de la Misa. No en vano los documentos del Magisterio eclesiástico alientan a los sacerdotes a la celebración frecuente de la Eucaristía, incluso diaria. Muchas veces el sacerdote tiene obligación en justicia de la celebración de la Misa (por razón de la oferta recibida en estipendio o para el cumplimiento del precepto dominical de los fieles, por ejemplo), pero habrá otras ocasiones en que el sacerdote celebre la Misa sin ninguna obligación. También puede ocurrir que un sacerdote celebre la Misa habitualmente sin asistencia del pueblo y sin que medie una obligación. En ese caso, ese sacerdote está cumpliendo perfectamente con aquello que Dios y la Iglesia espera de él porque ofrece el Santo Sacrificio del Altar por el pueblo. Ese sacerdote cumple con su vocación con la celebración de la Misa.

No nos podemos olvidar que la eficacia de la Misa no radica en la homilía o en la calidad de la celebración litúrgica (presentación de las ofrendas bien organizadas o intenciones de la oración de los fieles bien seleccionadas, por poner unos ejemplos) sino del efecto sacramental que se deriva de la renovación del sacrificio del Señor en la Cruz. El sacerdote debe predicar con frecuencia y preparar bien las homilías, y la Iglesia impone la obligación de predicar determinados días; igualmente a los fieles les viene bien asistir una celebración bien organizada, y quizá el sacerdote comete omisión si descuida esto. Pero sin olvidar que en una Misa todo ello es accidental, porque lo sustancial es la renovación del sacrificio. Por la gracia de Dios, la verdadera eficacia de la Misa deriva de la consagración, no de la homilía o de la presentación de las ofrendas. Los sacerdotes que celebran la Misa sin homilía o incluso sin pueblo, ejecen su función sacerdotal tan bien como los sacerdotes como los que tienen multitudes en su iglesia.

Los sacerdotes que no tienen pueblo encomendado a su cuidado pastoral tienen igualmente obligación de mediar entre Dios y los hombres. La misión canónica concreta el pueblo cristiano al que debe entregarse el sacerdote, pero los sacerdotes que no tienen misión canónica (o cuya misión canónica no incluye la cura de almas de una determinada porción del pueblo de Dios) deben ofrecer también sacrificios por el pueblo pues son sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Aunque -como se comenta más arriba- no tengan obligación de celebrar la Misa quizá por haber recibido un estipendio, sin duda el pueblo cristiano quedará beneficiado por la gracia que se deriva de la Misa que celebra ese sacerdote. La caridad sacerdotal y el celo por las almas llevará a celebrar la Misa con frecuencia. Nos referimos -insistimos- a la caridad cristiana que le debe impulsar a ofrecer la Misa, no solo la piedad del sacerdote.

La eficacia deriva además de la acción realizada, no de las disposiciones del celebrante. El sacerdote, por ello, no debe preocuparse por su indignidad para celebrar la Misa; ciertamente nadie es digno de celebrar tan augusto misterio, lo cual lleva además a considerar la humildad del Señor que se aviene a bajar a nuestras manos pecadoras. Sin embargo, el sacerdote debe procurar celebrar con las mejores disposiciones. Recordamos que si un sacerdote se atreviera a celebrar la Misa con conciencia de pecado mortal, cometería un grave sacrilegio. Si en alguna ocasión se ve obligado a celebrar la Misa en esta situación, ha de hacer un acto de contrición lo más perfecto posible, lo cual incluye el propósito de acudir al sacramento de la confesión cuanto antes (cf. canon 916).

Pero por encima de este requisito el sacerdote ha de procurar celebrar la Misa con las mejores disposiciones, preparándose adecuadamente. La piedad del sacerdote y su amor por Él hará que no se contente con la celebración atenta y cuidadosa de la Misa. Es recomendable que el sacerdote se recoja en oración antes de comenzar la Misa un tiempo, e igualmente permanezca unos minutos en la iglesia o capilla para dar gracias al Señor por el don recibido. Si el sacerdote tiene el propósito de hacer oración mental a diario, quizá el mejor momento es precisamente antes de la Misa. Igualmente sería deseable que después de la Misa pudiera dedicarse la acción de gracias, sugiriendo si acaso a quienes entren en la sacristía a resolver asuntos que esperen unos minutos. Ciertamente a veces no es fácil seguir estos consejos. Pero en cualquier caso agradaremos al Señor si ve nuestro esfuerzo por prepararnos adecuadamente y por darle gracias por la celebración de la Misa.

La celebración de la Misa debe aprovechar a la piedad del sacerdote, que al celebrar la Misa está impersonando a Cristo. En la Misa el sacerdote presta su voz al Señor. Es como si el Señor se rebajara a obedecer al sacerdote, pues la transubstanciación se realizará cuando el sacerdote quiera pronunciar las palabras de la consagración. Ello debe alentar al sacerdote a tratar a Cristo que se hace presente en el altar con mucho amor y delicadeza. Jesús se allana a quedarse en nuestras manos; hagamos de ellas un trono como el que no tuvo en Belén o como no tuvo el Viernes Santo. El trono se hará ante todo por el amor que le tratamos en esos momentos. Si otros maltratan al Señor, nosotros le cuidaremos y le querremos, haremos que el Señor se quede contento de haber realizado la obra de la redención al ver nuestra actitud. Eso lo haremos principalmente en el altar y especialmente cuando viene a nuestras manos.

La preparación se debe hacer no solo con la oración, sino con el ejemplo de vida que ofrece el sacerdote. El ministro de Cristo debe ser modelo de virtudes porque tiene trato directo con Él y lo tiene en sus manos a diario. Los fieles deben reconocer en el sacerdote al mismo Cristo a quien representa sacramentalmente. Por ello, la celebración de la Misa debe provocar en el sacerdote además el deseo de imitar lo que hacemos.

Entre las virtudes sacerdotales destaca la caridad. Hemos de imitar al Señor que se entrega en la Eucaristía. De ahí nace la consideración de la Eucaristía como sacramento de caridad. No en vano el Señor instituyó el mandato del amor fraterno en la misma ocasión que instituyó el sacramento de la Eucaristía; es como si el Señor que nos dice “amaos los unos a los otros como Yo os he amado” (Jn 13, 34), quisiera poner su entrega en la Eucaristía como ejemplo de amor supremo a los hombres. El sacerdote que celebra frecuentemente el misterio de amor de la Eucaristía debe ser hombre de caridad.

Del mismo modo, el recuerdo del misterio celebrado ha de prologarse durante la jornada del sacerdote. Durante el resto del día podrá dar gracias a Dios por el don del sacramento que ha celebrado, y le impulsará a vivir su fe como corresponde a un ministro del sacramento de la caridad.

***

Fuente: Vida Sacerdotal

El sacerdote, pan entregado.

Han pasado tres meses desde que Papa Benedicto XVI inauguró el año sacerdotal y yo no he escrito nada al respecto. Al considerar qué podía compartir con ustedes sobre la vida y ministerio del sacerdote me vino al pensamiento la imagen del pan y una sencilla experiencia vivida estas vacaciones en España.

Recorriendo las calles de mi pueblo, observaba los muchos cambios y mejoras realizadas. Pero también me encontré con casas que permanecen tal como las conocí de niño. Entre ellas, a treinta metros de la casa paterna, un horno de hacer pan. Es una pequeña edificación con las paredes de piedra y el tejado de teja, adosada a la casa de sus propietarios. Se pedía turno para amasar y se pagaba con un “panete”. Quiero servirme de esta imagen de pan para decirles algo sobre el sacerdocio.

El pan es trigo molido, amasado y cocido para ser comido, no es un objeto de adorno que se guarda en un cofre. La razón de ser del pan es ser dado en alimento. El pan es feliz cuando desaparece dándose para alimento del hombre. El pan está diciendo “cómeme”.

Jesucristo, en hermosa expresión del teólogo protestante Bonhoeffer, es “el ser para los demás”. En el origen del envío de Jesucristo está el amor del Padre que nos lo da: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo”. El mismo Jesús en la Última Cena, tomando el pan dijo: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo entregado”. Y estas palabras son el reflejo de toda su vida. Él pasó haciendo el bien a todos, tan entregado que no tiene tiempo ni para comer, tan entregado que “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (San Pablo).

El sacerdote no es ordenado como tal para beneficio propio sino para servicio de los demás. Cuando una persona es buena con los otros decimos que “es un pedazo de pan”, se deja comer de los demás. El sacerdote debe ser como un pan sabroso para los demás. Con sus palabras y gestos está diciendo “aquí me tienen, a su servicio, sepan que cuentan conmigo, con mi persona, con mi tiempo. He sido “ordenado” para el servicio, para la disponibilidad”.

Cuando el sacerdote pronuncia en la celebración de la Eucaristía las palabras de Jesucristo en la Última Cena no lo hace como una mera repetición verbal sino en representación del mismo Jesús, por tanto, con su espíritu, sentimientos y actitudes. De esta manera se aplica tambien a sí mismo las palabras “esto es mi cuerpo entregado”. El dinamismo de la representación de Jesucristo en la Eucaristía lleva al sacerdote a reproducir en su vida la entrega de Jesucristo, a hacer de su existencia una existencia para los demás.

Es cierto que a veces los sacerdotes nos reservamos, que no nos damos del todo. Es nuestro pecado, nuestro egoísmo. Pero la dirección que orienta nuestro sacerdocio es hacernos en Cristo y como Cristo cuerpo (vida) entregado.

En definitiva, lo que nos alegra es la certeza humilde y serena de que es Cristo mismo quien se da a través de nuestros gestos, de nuestro servicio, de nuestra predicación de la Palabra, del Pan eucarístico que repartimos, del perdón de los pecados que otorgamos, a pesar de nuestras limitaciones y reservas.

Muchos son los sacerdotes que se han gastado y desgastado por la comunidad, por los pobres. En este año sacerdotal, el Papa nos invita a contemplar el ejemplo del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney, en el150 aniversario de su muerte.

El Santo repetía con frecuencia: “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”. Este amor de Cristo es el que apremia al sacerdote a entregar la vida por los hermanos.



Tomado del Blog de Mons. Ángel Garachana
Nuestro Obispo de la Diocesis de San Pedro Sula

sábado, 3 de octubre de 2009

Parroquia San Isidro Labrador
Comunidad de San Isidro
Hora Santa Octubre 2009

EUCARISTÍA

Después de la bendición final, se prepara el altar y se trae los implementos propios para la adoración.

CANTO:

Monición


“Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21,24). El objetivo de la misión de la Iglesia es en efecto iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos …, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos, con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios. (Fragmento del mensaje del Papa al Domund 2009)

Que este espacio de Hora Santa de nuestra parroquia San Isidro, en este primer viernes de mes, sea un momento especial, para que nosotros hagamos de la Iglesia, comprometidos por el bien de nuestra nación, nos unimos a orar por Honduras.

La misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio… fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz... Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes.

Hagamos de este tiempo, un espacio de pedir perdón, de adoración y de alabanza a Jesús Sacramentado.

Dispongamos todo nuestro ser para este precioso momento.


CANTO: Nací para adorarte

El ministro celebrante prepara el altar para la exposición del Santísimo.

Celebrante

EXPOSICION DEL SANTISIMO


De rodilla, adoremos al dueño de nuestras vidas.

CANTO: Cantemos al amor de los amores.



Celebrante

LES DISTE EL PAN DEL CIELO.

Que contiene en sí todo consuelo.

BENDITO Y ALABADO SEA MI JESUS SACRAMENTADO (3 veces)

Sea por siempre bendito y alabado


Celebrante

OREMOS


Señor reconocemos que es débil nuestra fe y frágil nuestro compromiso. Pero asociados a todos los profetas enviados, apóstoles y misioneros, te decimos: bendito seas por Jesucristo, tu enviado en la tierra, para reconciliarnos. El llamó a los doce y sigue llamando por medio de tu Espíritu Santo a nuevos servidores de tu pueblo. Por Jesucrito…

Celebrante anuncia algunas intenciones y prepara a la comunidad a vivir el momento de perdón..

ORACIÓN DE PERDON


Monición

Señor Jesús venimos ante ti con todo lo que somos. Lo que tenemos, queremos ponerlo en tus manos…

En estos momentos hacemos una pause para hablar con Aquel que siempre nos esta esperando con un corazón abierto, para escuchar a sus discípulo amado.

Señor y Dios nuestro, que has querido que tu Iglesia sea sacramento de salvación para todos los hombre a fin de que la obra de salvación de tu hijo llegue a todos los rincones del mundo y perdure hasta el fin de los tiempos, haz que tus fieles tomen consciencia de que tu los llamas a ser auténticos discípulos misioneros para trabajar por la construcción del Reino de Dios y que así todos los pueblos formemos una sola familia y surja una humanidad nueva renovada en Cristo nuestro Señor.


TIEMPO DE PEDIR PERDON (breve momento)

Celebrante introduce a vivir este momento…
Se pueden intercalar algunos cantos que lleven a pedir perdón y de reconciliarse con el Señor

CANTOS: Renuévame / Sáname


TIEMPO DE ADORACIÓN

Monición

La oración abre el corazón, no solo a una profunda relación con Dios, sino también con el hermano.

Adoremos a Jesús sacramentado, que esta entre nosotros, dispongamos en este momento a postrarnos, de rodillas o estando de pie.
Aquí esta Jesús entre nosotros demos nuestra adoración y gloria a Dios.



Celebrante introduce a vivir este momento

CANTOS: Adoremos

Música Instrumental un tiempo de silencio por unos minutos.

CANTOS: Adoremos





TIEMPO DE LA PALABRA

Monición

Dejemos qu
e la Palabra nos ilumine.

La Buena Nueva de San de Mateo, nos presenta la experiencia de envío que realiza Jesús a los discípulos, se convierten en apóstoles ya que son testigos y son a la vez enviados con todos los poderes a proclamar el reinado de Dios.

Atentos escuchemos



EVANGELIO

Lectura del Evangelio Según San Mateo 28, 16-20



Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.
Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

Por tanto, Vayan, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado; y he aquí yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

PALABRA DEL SEÑOR


MEDITACION O PREDICA


Introduce la Oración de intercesión y de necesidades
Tiene un tiempo especial de para orar por las necesidades

CANTO: Envíame a mí

ORACIONES DE PETICIONES

La oración por los continentes va después de la oración que dirige la hermana Francis… que tiene su libertad de tiempo…

MONITOR:

Ante la presencia de Jesús sacramentado, Dios uno y trino, adorémoslo con espíritu de fe como los primeros discípulos que, dejando las redes y todo cuanto tenían, le siguieron. Hoy aquí delante de, el alabémoslo y pidámosle por la vida de nuestros hermanos que viven en el mundo.


ORACIONES DE PETICIONES

La oración por los continentes va después de la oración que dirige la hermana Francis… que tiene su libertad de tiempo…


ACCIÓN DE GRACIAS
Se preparan unas oraciones por continentes…

(Por los continentes por ser mes de la misiones)

MONITOR:

El color verde simboliza las selvas africanas y el color sagrado de los musulmanes. En muchas regiones de África ha sido sembrada de semilla del evangelio y hoy ella florece prometedora; sin embargo, se necesitan mas misioneros con un espíritu nuevo, dispuestos a ser instrumento del gran Maestro que nos enseña a entregarnos con amor incondicional.


Plegaria por el continente de África
Canto: Toque su manto, una estrofa y coro


MONITOR:

América, continente de la Esperanza, como lo llamo el papa Juan Pablo II, es un continente, donde los católicos son el 62.8%, y donde las necesidades espirituales y materiales son muchísimas.

Una persona viene a prender la vela Roja y lee la plegaria
Plegaria por el continente de America

ORACION:
Oremos por los que formamos esta Iglesia de esperanza, para la Iglesia Universal y con María, la Virgen de Guadalupe, seamos misioneros para el mundo. Señor ilumina a nuestros gobernantes par que trabajen por la paz, el progreso y el desarrollo de América. Amen

Canto: Toque su manto, una estrofa y coro
Una persona viene a prender la vela Blanca a
Plegaria por el continente de America


MONITOR:
Europa, en este continente viven más de 684 millones de habitantes. Solo el 40% es católico. Es el continente que acógela figura blanca del Papa, signo de unidad y caridad entre la Iglesias.


Plegaria por el continente de Europa

ORACION

Señor, concede a estos hermanos nuestros de Europa, el don de creer en Jesucristo con la misma fuerza y profundidad que tuvieron los primeros santos. Amen

Canto: Toque su manto, una estrofa y coro
Una persona enciende la vela color Azul


El continente de Oceanía, cuenta con 29 millones de habitantes y, entre ellos, solo 8 millones son católicos, es decir el 26.3%. Es un continente donde hay millones que aun no conocen a Dios porque nunca han oído hablar de El. Son muy pocos los misioneros que les anuncian a Cristo, además viven en condiciones ambientales muy difíciles y poco favorables.


Plegaria por el continente de Oceanía

ORACION:

Ponemos en tus manos, Señor, a nuestros hermanos de Oceanía; condúcelos al encuentro contigo, Padre amoroso, fuente de salvación y alegría, Amen

Canto: Toque su manto, una estrofa y coro
Una persona enciende la vela color Amarillo


Oremos por Asia, que es un inmenso continente y cuna de la civilización, donde Cristo sigue siendo el gran desconocido. Sus habitantes son mas de 3500 millones y tienen solo 105 millones de católicos, es decir, el 3% de la población.


Plegaria por el continente de Asia

ORACION:

Señor, te encomendamos a nuestros hermanos de Asia, de manera particular, aquellas personas que sufren y lloran para que un día te conozcan y reciban tu consuelo. Amen

Canto: Toque su manto, una estrofa y coro
Silencio (por unos minutos)
Se lleva en procesión el santísimo por las partes laterales del templo.

Canto: Gloria de Martín Valverde



ORACION FINAL


Celebrante

LES DISTE EL PAN DEL CIELO.


Que contiene en sí todo consuelo.


Oremos

Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amen.


BENDICIÓN CON EL SANTISIMO

ALABANZAS AL SANTISIMO

Todos:

Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo nombre.
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo corazón.
Bendita sea su preciosísima sangre.
Bendito sea Jesús en el santísimo sacramento del altar.
Bendito sea el Espíritu Santo consolador.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada concepción.
Bendita sea su gloriosa asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea san José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.


CANTO FINAL: Envíame a mí